Dangerous Mutations

Recién llegada a Barcelona, la palabra magdalena sólo me hacía pensar en Proust, en su Recherche y en esas sensaciones, recuerdos, que su personaje revive al mojar el pastelito en el té. Al pasar los días, fui viendo que en España no tenían forma de barquito, sino que más bien se trataba de algo redondo, o como mucho cuadrado o rectangular, esponjoso y suave. Han pasado ya años, las magdalenas aún existen, pero son cosas demasiado normales, ordinarias, que poco tienen que ver con lo cool y cosmopolita que se ha vuelto la ciudad.

 

De hecho a ellas también, durante la última década, se ha intentado imponerles mutaciones, como si de una actualización se tratara. Las pobres magdalenas, en un momento dado, se han visto transformadas en muffins pero, como no acababan de gustar por su masa pesada y no llamaban bastante la atención, en el último par de años las han investido de decoraciones que, más que en un pastelito, hacen pensar en el plumaje de un pavo real, aunque hay que decir que la última actualización ha colado: se han transformado en cupcakes.

 

Efectivamente, al verlas en los escaparates, con coronas de crema de los colores más dispares y corazoncitos o bolitas plateadas, uno se siente atraído, sea por lo hortera que pueden llegar a ser o por ese nombre extraño que ha conseguido hasta burlarse del nacionalismo del idioma castellano.

 

Con inspiración directa en los EEUU, poco después del estreno de la película Sexo en Nueva York, en la ciudad han salido como hongos las tiendas que se dedican a vender exclusivamente estas magdalenas tuneadas y, si hay suerte, también hacen un pésimo café para acompañarlas. Al público femenino puede que le guste pensar, mientras hinca el diente en la grasienta butter cream lila que, por un momento, es una de estas mujeres muy emancipadas de la película, que utiliza a los hombres sólo para su propia satisfacción sexual, mientras lo único que realmente desea con locura son unos zapatos de Manolo Blahnik.

 

Y así la magdalena ya no sirve para el recuerdo, sino para la proyección de los deseos de cada una; es engañosa y nada tiene que ver con la realidad presente, pasada o futura, ya que pocas mujeres, a pesar de engullir miles, llegarán a comprarse “unos manolo” y menos a casarse con un ricachón al que, además, aman. Aunque se suele decir que vender sueños es bonito, en Barcelona salen muy caros, aproximadamente a unos 3 euros la pieza.

 

Hacerlas en casa puede ser una buena manera para darnos cuenta que son más sencillas de lo que nos parece y por eso propongo una receta que elimina los excesos de mantequilla de las versiones americanas y utiliza unos ingredientes más cónsonos a nuestra habitual dieta mediterránea.

 

Ingredientes para 12 magdalenas de vainilla://
3 huevos grandes (L)
150 gr de harina
150 gr de azúcar
100 gr de aceite
½ cucharada sopera de levadura en polvo
1 cucharadita de azúcar con vainilla o pocas gotas de esencia de vainilla
12 moldes de papel

 

Ingredientes para la cobertura (alias frosting)://
200 gr de queso mascarpone
90 gr de azúcar glas
Colorante alimentario al gusto (o dos cucharadas de zumo de remolacha para obtener el color rosa)
Esencia alimentaria al gusto o 1 cucharadita de azúcar de vainilla
Virutas de chocolate o bolitas de colores al gusto

 

Preparación://
>> Encender el horno a 180º.
>> Tamizar la harina y la levadura, y reservar.
>> Mezclar la mitad del azúcar, las yemas y batir hasta que tripliquen su volumen. Ir añadiendo el aceite a la masa, incorporándolo mientras se sigue batiendo, y reservar.
>> Montar las claras con la otra mitad del azúcar y una pizca de sal.
>> Añadir a la primera mezcla poco a poco la harina, mezclando bien para que no se formen grumos. Cuando se haya incorporado toda la harina, añadir las claras montadas con una espátula y con movimientos de arriba hacia abajo para que el compuesto no desmonte.
>> Rellenar los moldes hasta 2/3 de su capacidad.
>> Hornear a 180º grados durante 15 min.*

Durante el horneado aprovecharemos para preparar la cobertura.
>> Mezclar el queso mascarpone con la esencia elegida, el colorante y el azúcar glas hasta conseguir una crema suave.**
>> Colocar la crema resultante en una manga pastelera y decorar al gusto, acabando con las virutas de chocolate o las bolitas de colores.

 

* Puede variar tanto la temperatura como el tiempo en función del horno. Lo mejor es averiguar la cocción a los 15 minutos introduciendo un palillo en una de las magdalenas. Debe salir seco.
** Si nos quedara demasiado dura podemos añadir una cucharada de nata líquida o de leche.

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