De equinoterapeuta a responsable de un estudio de tatuajes totalmente distinto al resto. Noemí García dio un giro a su vida hace tres años, pero no quiso acabar de ponerla patas arriba del todo, pues sigue dedicándose a su gran pasión, los caballos, que ahora compagina con la gestión de Desideratum. Este estudio de tatuaje del Born no solo está dirigido y gestionado íntegramente por mujeres, sino que ofrece además diversos servicios gratuitos para otras mujeres en situación de vulnerabilidad, una apuesta que García tenía muy clara cuando decidió embarcarse en solitario en esta aventura que le ha cambiado la vida.

¿Por qué nació Desideratum?



Yo me dedicaba a la equinoterapia, es decir, a la terapia con caballos para personas con problemas. Durante esta época conocí a mujeres que habían sufrido violencia de género, y cuando decidí dar un cambio a mi vida tuve claras varias cosas: que quería seguir dedicándome al mundo de los caballos, que me encantaba el tattoo y que quería hacer algo que tuviese una vocación social. Fue así como decidí abrir Desideratum.

¿Cuál es la particularidad de tu estudio?

Para empezar, todo el equipo está formado por mujeres, tanto las tatuadoras como el personal de administración. Eso no quita que tengamos muchísimos clientes hombres. Tenía claro que quería reivindicar el papel de la mujer en el mundo del tattoo, un sector que, pese a que está cambiando muy rápido, sigue siendo todavía machista. Aún me pasa que entran por la puerta de Desideratum y me preguntan dónde está el tatuador, no son ideas que puedan cambiarse tan fácilmente. Además, tenía claro que quería hacer una labor social con mujeres, en concreto con un público muy sensible, víctima de violencia machista, entre otras cosas, y me parecía mejor que no hubiese hombres.

¿De qué público se trata?

Trabajamos, por un lado, con mujeres que han sufrido violencia de género, a las que atendemos gratuitamente tanto para tapar las cicatrices como para quitar los tatuajes, pues hay muchas que tienen tatuado el nombre de su maltratador, algo que a nivel psicológico es devastador. Por otro lado, también atendemos de forma gratuita a mujeres que han sufrido cáncer de mama, a quienes tatuamos las aureolas.

Aparte, funcionáis como un estudio de tatuaje al uso.

Claro. Tenemos la suerte de poder dedicarnos de forma altruista a esta labor con mujeres porque tenemos nuestro estudio, con nuestros clientes —muchos de ellos hombres—, que funciona muy bien. No estamos encasilladas en un tipo de tatuaje, sino que las compañeras tocan varios tipos, por tanto, es un estudio muy versátil, desde fine line a old school, black work, realismo…

Emocionalmente debe ser delicado…

Lo es. Es difícil de gestionar a veces, porque vivimos muchas historias muy de cerca. Una vez vino una chica a quitarse el nombre de su maltratador y esa misma noche se iba fuera de Cataluña porque estaba en peligro de muerte. Todas vienen acompañadas. Por otra parte, es muy emotivo ver el alivio que supone para ellas no llevar ese nombre grabado nunca más. Casi todas tienen tantos, tantos problemas, que creen que este no se puede solucionar, y cuando ven que es posible supone un alivio inmenso, además de un buen ejemplo de que, en definitiva, también el resto puede ser reversible.

Es, para muchas, el momento en que dejan de taparse…

Exacto, porque no solo hablamos de tatuajes, sino también de cicatrices. Una vez vino una chica a la que su pareja le tatuó su inicial en el hombro con un cúter, y con un cuchillo la fecha en la que se conocieron en el brazo. Se las tapamos con un tatuaje floral, que suelen dar mucho juego, y salió alucinada.

Veis también muchos casos con final feliz…

Sí, y eso nos anima mucho. Por suerte, llegan también chicas muy empoderadas a las que ya solo les queda esa guinda para cerrar el círculo: acabar simbólicamente con sus maltratadores al borrar sus nombres del cuerpo.

A muchas mujeres que han padecido cáncer de mama les ocurre lo mismo, a otro nivel…

Pues sí, porque padecer un cáncer supone grandes costes para muchas mujeres, que en ocasiones se enfrentan a situaciones de gran vulnerabilidad, pues muchas acaban sin trabajo y arruinadas. Por ello, muchas no pueden permitirse los 500 € que les cobran en los centros de estética para reconstruirse las aureolas, así que nosotras lo hacemos de forma gratuita.

Dices que es precisamente este ambiente cercano e íntimo la clave del éxito de Desideratum…

Sí, porque anima a muchas personas que son reacias a tatuarse a entrar a informarse. Existe todavía una barrera con el mundo del tatuaje, y hay a quien le cohíbe entrar en algunos estudios, quizá sin razón, pero existen muchos estereotipos también con esto. El hecho de que seamos todo mujeres, de estilos diferentes, es el empujón que muchas personas necesitan para animarse a hacerse un tatuaje.

¿Se ha avanzado mucho en cuestión de género en materia de tatuajes?

Se ha avanzado mucho, ya que cada vez hay más mujeres tatuadoras muy talentosas y también muchas más chicas que se tatúan. Pero aún nos queda mucho camino por recorrer para alcanzar la igualdad. Desideratum es un gran estudio, y aun lo será más cuando rompamos más barreras.