Dumplings de mi corazón. Hey, gente, llega el comfort food, comida que sienta bien. Y en época de depresión invernal y bajas temperaturas —más allá de si creemos o no en nuevas tendencias marketing-foodies— nos aferraremos a lo que nos dé algo de calorcito. Así que, en estos tiempos de coronavirus, dejemos de lado los prejuicios generalizadores y vayamos a zampar cocina china (de paso, es el momento para afirmar que, a pesar de su riqueza, demasiadas veces se infravalora frente a las populares japos, thai y, ahora también, coreana). Eso sí, nanay al arroz tres delicias, rollitos y pato a la pequinesa.

Las superstars son los dumplings, raviolis de fina masa. Corred, por favor, a Dr. Zhang, un dumpling bar de Sant Antoni (lo que apunta a #nexttrend), apto tanto para estómagos de perfil alto como para otros afines a las recetas más ligeras. Los hay fritos, al vapor, a la plancha o en sopa; rellenitos de carne, verduras o mariscos; estilo jiao zi, wanton o pot-sticker (según la masa). Todos son la requetehostia.

Flipé con los wanton de langostinos al vapor, servidos con noodles y salsa de chili. Eso de encontrarme raviolis + fideos en un mismo plato me pareció el sueño de una vida hecho realidad y me reconfortó hasta el alma. Y la sopa de dumplings con pak choi y jengibre me hizo pensar, echando el último sorbo, que jamás querré otra sopa.

El nivel es alto para una cocina tan popular. Back to basics, y nunca mejor dicho. Por cierto, volviendo a la base. El local se llama como tal en honor al doctor Zhang. Un buen tipo que hace 1.800 años halló la forma de prevenir la mortalidad por frío con una receta que elevaba la temperatura corporal, hinchando a sus compatriotas con una receta rica y calentita: los dumpling habían nacido para reconfortar el cuerpo. Ya no tengo duda de que el comfort food es más que un nuevo concepto. Y si no, solo para soltar este rollo cultureta a vuestros vecinos de mesa, vale la pena ir. ¿A que sí?

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