El derecho a delinquir

Una de las muchas funciones de la arquitectura es la seguridad. Aunque estos días suene mal la palabra “muro”, es uno de los elementos básicos de cualquier hogar. Los muros de una vivienda no solo son los soportes estructurales del techo o constituyen parte del aislante térmico entre otras cosas, sino que proporcionan también cierta garantía de privacidad y seguridad para sus ocupantes y sus pertenencias. Todos necesitamos sentirnos seguros y protegidos en nuestra propia casa, y los muros, junto con las ventanas, las puertas, etc. nos dan esta seguridad.

En la ciudad, la seguridad depende de otros factores menos físicos y más efímeros. Depende de cosas como la solidaridad entre sus ciudadanos, el civismo, y un grado mínimo de confianza en el otro. Jane Jacobs hablaba mucho de “los ojos en la calle”, o cómo los comerciantes y los vecinos de un barrio se implican para velar por el bien común. En este sentido, la seguridad depende también de la forma urbana. No hay realmente “ojos en la calle” en ciudades de poca densidad urbana, o donde los ciudadanos circulan exclusivamente en coches privados y atienden solo al tráfico y a las señales. También está claro que la seguridad depende al fin y al cabo de las fuerzas del orden público y de la justicia.

¿Queremos realmente vivir un revival del Barrio Chino, con lo mal vista que está esta expresión?

En el último año en Barcelona la inseguridad ha vuelto a crecer, y mucho. Eso, a pesar de que hay “ojos en la calle” a todas horas, existe un tejido de comercio familiar, y hay muchas ventanas que miran directamente a las calles. Donde más ha crecido: en Ciutat Vella, precisamente. ¿Queremos realmente vivir un revival del Barrio Chino, con lo mal vista que está actualmente esta expresión?

¿Cómo se puede explicar este crecimiento de la inseguridad? Está claro que el civismo barcelonés no está pasando por sus mejores momentos, coincidiendo con el divisivo procès y los esfuerzos policiales después del ataque terrorista de agosto 2017. La espera para denunciar un delito en la comisaría de Ciutat Vella hoy ya está llegando a una media de cuatro horas!

Ahora, además de tener que reivindicar el derecho a la vivienda, el derecho a la privacidad, el derecho a la ciudad, el derecho a la igualdad, el derecho a la educación, el derecho a la sanidad pública, el derecho a la cultura y el derecho internacional a la autodeterminación, ¿vamos a tener que reivindicar también cada vez más algo tan básico como el derecho a la seguridad, o existe algún “derecho a delinquir” del que no nos hemos enterado?

 

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