El (mal)estado de la vivienda

Volem la ITV obligatòria per a edificis ja! Hay pocas cosas más tristes que edificios de viviendas sin alma. Ya sabéis a qué me refiero: estos balcones que carecen de cualquier señal de vida, como por ejemplo unas plantas, porque pertenecen a pisos que se alquilan de forma exclusiva a turistas o a gente de aquí que está siempre de viaje, lo que en realidad resulta ser exactamente lo mismo. Luego están esos bloques de viviendas “minimalistas”, por llamarlos de algún modo, que ni siquiera tienen balcones, solo unas ventanitas pequeñas. La arquitectura de la vivienda es de las que dejan mucho que desear, en general, y sin embargo es la que más suelo urbano ocupa.

El tejido construido a nivel global consiste en su mayoría en viviendas, y sin embargo en la Barcelona de la transición se hizo creer, con eslóganes como “Barcelona, posa’t guapa”, que lo único que importaba eran los espacios públicos. El resultado: vivimos en una ciudad Potemkin con plazas, calles y fachadas más o menos decentes, detrás de las cuales hay mucha vivienda en un estado lamentable, por no decir infrahumano. Y encima tenemos que pagar cada vez más para malvivir en ella.

He visto algunos edificios que dan auténtico miedo. En una terraza de Gràcia, donde se celebraba una fiesta a cinco plantas de altura, había un parapeto que se movía varios centímetros cada vez que alguien se apoyaba sobre él. Se aguantaba por un hilo. En unos bajos de otra finca pude ver unas antiguas vigas de madera tan podridas a causa de la filtración de humedades pluviales, que daban ganas de salir a la calle corriendo. En un club deportivo del Raval hay una piscina con techo de bóveda catalana, con viguetas metálicas expuestas a la humedad constante durante casi un siglo. Estas viguetas están tan oxidadas que realmente es un misterio que el techo entero no se haya desplomado ya dentro de la piscina. Seguro que lo hará pronto si no se hace nada al respecto.

Hay mucha reforma por hacer en esta ciudad. Es bastante común que las vigas de madera estén carcomidas o podridas de forma grave, o que las metálicas estén en avanzado estado de oxidación. A veces, incluso, estas vigas trabajan más de lo que lo hicieron en sus primeros años de vida, porque en el piso inferior se han tirado tabiques que no se estimaba que fueran de carga. Mucha gente no sabe que, en un edificio antiguo, hasta el tabique más fino trabaja.

Muchos propietarios pasan completamente de mantener sus edificios. Hay una actitud general de no gastarse ni un duro hasta que no haga absoluta falta, apurando al máximo. Es verdad que, hace unos años, se pusieron en marcha las inspecciones técnicas de edificios (ITE), pero este programa llega a parecer voluntario en su totalidad. ¿Porqué no se obliga a colocar pegatinas en los portales de los edificios, igual que se hace en los parabrisas de los coches, que certifiquen que estos cumplen con un mínimo de seguridad?

Me temo que es porque el lobby de los que tratan la vivienda solo como una mercancía más es demasiado fuerte. A este capitalismo cada vez más cortoplacista no le interesa mantener ni edificios ni relaciones humanas a largo plazo. También porque la renovación de edificios —algo que tiene que pagar alguien al final— se asocia exclusivamente con gentrificación y expulsión. En situaciones así no sorprende que se abandonen tantos edificios a que corran su suerte.

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