La abogada y criminóloga Anna Almécija es directora, jefa y formadora en seguridad privada, así como experta en prevención de violencia sexual en entornos de ocio, y en la actualidad colabora con el Departament d’Interior en la implantación de un Protocolo de Seguridad contra la violencia sexual en este ámbito. Dice ser optimista y asegura que “las cosas están cambiando”, pero afirma haberlas visto de todos los colores no solo por ocupar un cargo de responsabilidad en un ámbito, el de la seguridad, tradicionalmente masculino, sino por las dificultades que sigue suponiendo hoy en día implementar una perspectiva de género.

¿Qué entendemos por violencia sexual?



Es todo aquel comportamiento sexual que no cuenta con el consentimiento de todas las partes implicadas. Lo importante es comprender que violencia sexual es mucho más que lo que dice el Código Penal: no hablamos solo de las que identificamos como conductas más graves (violación, agresión o abuso sexual), sino también los comentarios groseros, el seguimiento obsceno, exhibicionismos, etc.

No se puede prevenir la violencia sexual si no sabemos de qué estamos hablando.

¿Podemos considerar que los eventos multitudinarios son espacios de riesgo?

Tradicionalmente la cultura de la noche se ha vinculado con unos códigos de conducta que incluyen comportamientos que constituyen violencia sexual: insistir hasta el aburrimiento para conseguir una relación sexual, invitar a copas con la finalidad de “convencer”, piropos groseros, tocar sin consentimiento… Estamos en un proceso de cambio y hay que establecer nuevas normas de convivencia y respeto.

¿En qué consiste la prevención?

El punto de partida ha de sensibilizar y formar al personal que trabaja en entornos de ocio en conceptos jurídicos básicos y protocolos de actuación para saber cómo detectar y actuar ante la violencia sexual y cómo atender a una persona afectada si al final se ha llegado a producir. No podemos prevenir la violencia sexual si no sabemos de qué estamos hablando. Es importante también visibilizar el compromiso de un recinto contra la violencia sexual con proyección de videos, imágenes, carteles o protocolos. Puede ser disuasorio que un agresor sepa que en ese local no se toleran esas conductas.

¿Crees, como formadora, que existe aún una tendencia a culpabilizar a la víctima?

Cuando imparto formaciones todavía escucho que se defienden mitos clásicos de la violencia sexual: cómo van vestidas, cómo bailan delante de ti y te buscan, que llega un punto en que un hombre no puede controlarse, etc. Sin embargo, suelen ser la excepción y lo que se plantea en el aula hace que muchos hombres reflexionen sobre esas creencias que tienen tan arraigadas.

Existen otro tipo de discriminaciones, como que las mujeres entren gratis en algunos locales.

Es completamente ilegal y no es más que una práctica sexista que trata a la mujer como mercancía. Más allá del sexismo, las condiciones de acceso no pueden ser discriminatorias (tampoco por motivos de raza, nacionalidad, discapacidad, etc.), y existen sentencias que manifiestan que esa práctica no se puede considerar una acción positiva para las mujeres que justifique esa diferencia de trato. Existen otras prácticas sexistas, como la cartelería que cosifica a la mujer o el trato desigual a las trabajadoras (en algunos locales ellas deben ir en bikini o con tacones altos, por ejemplo).

¿En qué se traduce la falta de perspectiva de género en materia de seguridad?

Desde en los contenidos que tienen que estudiar las personas aspirantes a vigilantes de seguridad privada o la falta de prevención de riesgos laborales que contemple los riesgos específicos de las mujeres (chalecos antibalas adaptados al cuerpo de la mujer, riesgos psicosociales, etc.), hasta la escasa investigación acerca de la las diferentes reacciones entre hombres y mujeres ante una situación de emergencia o el bienestar de las trabajadoras o asistentes a un evento multitudinario (sala de lactancia, posibilidad de adquirir compresas…).

Las cosas están cambiando y muchos compañeros y compañeras trabajamos a diario en la buena dirección: las formaciones funcionan y sirven para luchar de manera efectiva contra la violencia sexual.

¿Has notado esta discriminación también como formadora y jefa de seguridad?

La seguridad es un sector en el que a las mujeres todavía nos cuesta visibilizarnos y llegar a puestos de decisión. Todavía se hacen congresos en los que no hay ni una sola mujer ponente o equipos en los que no hay mujeres. El prejuicio hacia las mujeres se evidencia, por ejemplo, cuando hay reticencias en considerar tu opinión en temas operativos, incluso para impartir formaciones sobre esas cuestiones, tradicionalmente más vinculadas a un rol masculino. O cuando trabajas con un compañero y terceras personas presuponen que eres su ayudante. Incluso tuve que vivir la experiencia en una quedada con algunos directores de seguridad en la que uno de los asistentes que no me conocía dio por hecho que yo no era una profesional más, sino que era la pareja de uno de ellos. Fue bastante bochornoso.

Te declaras, pese a todo, optimista…

Las cosas están cambiando y muchos compañeros y compañeras trabajamos a diario en la buena dirección: las formaciones funcionan y sirven para luchar de manera efectiva contra la violencia sexual. Hay que lograr, además, que la seguridad privada sea un sector que atraiga a más mujeres y cada vez más profesionales rompan el techo de cristal.