Estado de malestar propone un retrato de la precariedad no solo como problema económico, sino como una nueva condición vital que hace que cada día seamos más frágiles.

La precariedad laboral se ceba en nuestro país, en especial con sus creadores. Esther Ferrer, pionera de la performance y una de las artistas nacionales más reconocidas, admitía en una entrevista hace un año que, con 80 años de edad, tan solo hacía 15 que podía vivir de su trabajo artístico. A la espera de que el  Estatuto del artista aprobado este año por el Congreso pueda ser realmente efectivo y útil, la situación actual es dramática.



Pero más allá del famoso IVA cultural y sus deseables beneficios, hay unos cuantos problemas de base que se ponen en evidencia en el informe sobre la red de centros de arte visual en Catalunya publicado por el ACCA en 2018. En primer lugar, la sensación de provisionalidad constante debido a los cambios políticos que afectan de forma directa a los centros de cultura. Pero por otro lado, es apremiante la necesidad de entender que las redes institucionales no deben tan solo orientarse al público, sino que deben servir como dinamizadoras del complejo entramado de trabajadores culturales que orbita a su alrededor (comisarios, artistas, educadores, investigadores…) cumpliendo con las buenas prácticas de contratación y, por supuesto, de remuneración.

Desde otras latitudes, el crítico británico Mark Fisher trató en Realismo capitalista la presión y burocratización del capitalismo a partir de 1979, con un análisis de la ansiedad y la depresión como enfermedades comunes de dicho sistema. Este es el punto de partida de la exposición que la artista María Ruido presentará a partir de este mes en el Centre d’Art Tecla Sala de L’Hospitalet.

Ruido ya ha explorado con anterioridad los imaginarios del trabajo. Ahora, en  Estado de malestar propone –por medio de material de archivo audiovisual y en forma de ensayo fílmico– un retrato de la precariedad no solo como problema económico, sino como una nueva condición vital que hace que cada día seamos más frágiles. Frente a la privatización y la cortina de silencio de los malestares, la autora interpela a todo aquel que siente que el trabajo se lleva su vida y que la ansiedad no le deja respirar; insta a dejar de lado el “estancamiento farmacológico”, a compartir nuestra incomodidad y a cuidarnos para imaginar juntos una nueva alternativa a la tiranía del capital.

María Ruido. Estado de Malestar (malestar_exhuberancia_anomalía).
Centre d’Art Tecla Sala, del 16 de octubre al 12 de enero de 2020.
Dentro del Festival LOOP 2019.