Me encuentro en una de las colonias donde los humanos residen llamada Barcelona. Mi misión consiste en estudiar la raza que domina este diminuto planeta para preparar una futura invasión. Este es mi primer informe.



Veintiséis de mayo del año dos mil diecinueve del calendario humano:

Para mi primera misión, adoptaré la forma de un varón común de cuarenta años solares. Los humanos se distinguen los unos de los otros con lo que llaman “nombre”. Hay un nombre para cada uno, aunque a veces se repiten. Tengo pendiente descubrir cómo es posible que se repitan si lo que quieren es diferenciarse, pero por ahora es un asunto menor. El algoritmo predictivo me sugiere auto-nombrarme José María Pérez Martínez para pasar inadvertido.

Buscando entablar una conversación con alguno de los representantes de esta especie para descifrar su modo de pensar, camino por las calles de la ciudad de Barcelona en los alrededores de una zona llamada “Poble Sec”. Por lo visto las zonas también tienen “nombres”. Detecto una notable aglomeración de humanos en un edificio: una observación más detallada me permite apreciar que la aparente aglomeración está estructurada. Distintas hileras se adentran hacia el interior de un edificio. Me sitúo al final de la cola. Establezco contacto visual con lo que parece ser un humano-hembra.

No lo puedo saber con seguridad, pero parece más cercana al día de su nacimiento que la vasija de José María Pérez Martínez que ocupo.
—Hola, me llamo José María Pérez Martínez.
—¡Hola! ¿Con ganas de votar?
—…
—Es que son mis primeras elecciones… Siempre me había hecho mucha ilusión votar, de pequeña mi madre siempre me decía lo importante que era, ¿sabes?
—Sí.
—Pues justo ahora que por fin puedo votar, no sé a quién.
—¿No?
—Sí, bueno. No. No es que no lo sepa, sí lo sé, de hecho lo tengo claro.
—…
—El problema es que no creo que sirva para nada. El sistema es tan fuerte, el
poder, la oligarquía tan brutal, que
el voto solo es una forma de legitimar el
statu quo.
—No comprendo. ¿Haces esto sabiendo que no sirve para nada?
—Algo así. Pero, bueno, tengo todo lo que necesito para votar: tengo mi tarjeta censal y me renové el DNI hace poco, así que creo que votaré igualmente.

Debo retirarme y descubrir qué son todos esos ítems. Podría poner en peligro mi coartada.
—Adiós.
—¡Que vaya bien!

Nota: los humanos parece que se contradicen, incluso siendo conscientes de que lo hacen. ¿Por qué? ¿Qué les aporta? Seguiré investigando.