Claudia está soltera y esta semana ha tenido tres citas. Dos de ellas fueron con hombres, la otra, con una mujer. En todas, terminó practicando sexo.

Esta es su agenda sexual, pero podría ser la de muchas personas en Barcelona. Lo importante aquí no es tanto si las citas fueron con personas de ambos géneros o si las tuvo todas en una misma semana, sino más bien: ¿Cuántos de estos intercambios se dieron para afianzar una reputación social?

En los debates actuales se habla mucho de diversidad sexual, nuevas formas relacionales y el papel de los afectos, pero parece que rodeemos, pudorosamente, la función que juega el sexo en nuestro día a día. O, dicho de otro modo, la importancia que le otorgamos a este para construirnos una imagen exterior. En una ciudad como Barcelona, donde nos empeñamos en que todo luzca interesante, moderno, libre: ¿qué pasa si no follas?



Albert es una persona trans no binaria y la mayor parte de sus citas son con hombres gays. “Desde fuera de la comunidad gay, existe una fuerte presión entorno al sexo. Si no follas y te quedas en casa tranquile, se percibe que simplemente estás deprimide, que no estás cumpliendo con aquello que se espera de ti” me cuenta. Añade también: “En el imaginario colectivo, el sexo gay se ha entendido como aquello que precisamente se aleja de la hetero norma. Renunciar a este es como renunciar a aquello que te hace diferente, especial.”

El colectivo Bunyol TV, con una cuenta de Instagram dedicada a la divulgación y espacio de debate sobre la experiencia lésbica y bisexual, explican que en las relaciones entre mujeres es un poco diferente: “Nosotras estamos educadas para los cuidados, el afecto, el acompañamiento emocional.” Sin embargo, reconocen que no siempre han estado exentas de una mala gestión: “A veces follar con muchas personas, tener múltiples citas, sirve para llenar un vacío con una misma. O puede ser que tengas muchísima autoestima y disfrutes a tope de gustar a los demás, en plan trofeo. Las dos posibilidades se acaban encontrando y en ambas, te acabas sintiendo como una mierda.”

Ana M. González Ramos es profesora de sociología en la UAB. Como experta en estudios de género, reflexiona sobre el hecho de que estas prácticas acumulativas en el sexo han sido históricamente propias de los hombres: “Para las mujeres no es una solución del mismo modo, porque conviven muchos prejuicios y censuras sociales para nosotras, que implica que ahora sea muy moderno tener una pareja abierta o múltiples, pero luego ya te recriminará la sociedad o ya te recriminarás a ti misma por no poder desprenderte de la culpa. A veces vestimos de novedad aquello que no es más que repetir los mismos roles”.

Silvia, de 27 años, explica desde su experiencia que esta es su práctica habitual cuando corta con una pareja y vuelve a estar soltera: “No deja de ser una especie de competición y venganza con respecto a mi ex, que siempre espero que esté follando mucho menos que yo.” En este sentido, el sexo parece funcionar como un motor que nos ayuda a seguir conectando con un exterior, un indicador de un supuesto bienestar emocional, dejando muchas veces de lado los verdaderos sentimientos y deseos con respecto a lo que necesitamos nosotras o lo queremos compartir con un otro. Follar con alguien a veces es como recibir un like en Instagram y no podemos ignorar ese subidón. Acumulamos likes y acumulamos ligues porque narran, en cifras, una idea de nosotras mismas.

“El relato que se genera después del sexo es la mejor parte”

Las chicas de Bunyol TV, Albert y Silvia coinciden en algo: “El relato que se genera después del sexo es la mejor parte”. Poder narrar la aventura que supone el desafío de la seducción, el nerviosismo que precede a una cita de Tinder en la que, además, el sexo resultó maravilloso, nos sitúa en el plano de la protagonista absoluta de la historia. Pero también y lo más importante, nos permite tener el control como narradoras de la hazaña. 

Follar: capital social

El sexo, así como relatar con quien lo practicas, tiene otra utilidad social que puede parecernos arcaica e incluso ruin para nuestros estándares libertarios, pero que, sin embargo, sobrevive: es una forma de organizar el capital social de un individuo. Ana M. González explica que esto siempre ha sido un poco así para las mujeres, pero no únicamente: “Si situamos esto en Barcelona y pensamos en una persona que viene de otro país, tener una pareja de otra nacionalidad, cuando esta nacionalidad te evoca ser moderno, de una clase social alta o un joven profesional interesante, resulta muy atractivo”.

Desde el colectivo Bunyol TV añaden: “Puedes llegar a sentirte muy realizada cuando ligas con alguien que, a nivel laboral, es superior a ti. Follar con alguien que es hiper creativo y tiene tres mil followers más que tú, o que trabaja en un estudio de diseño, te genera de golpe un subidón. Automáticamente, sientes que estás en un lugar más elevado del ranking; y es muy chungo, pero también pasa mucho.

En una ciudad particularmente pequeña como lo es Barcelona, donde los profesionales y las amistades se interrelacionan constantemente, es verdad que a través del sexo se establecen aún más vínculos.” Desde esta óptica, podría parecer que nuestro deseo queda entonces relegado a unas prácticas mercantiles, la capitalización de nuestros cuerpos y a merced de la mirada externa.

González apunta algunas ideas para no caer en la desesperanza: “Estar completamente al margen de la sociedad es imposible. Por suerte, dentro de la sociedad hay desviación y hay personas que nos comportamos de forma diferente. Eso está bien, porque de alguna manera demuestran que hay innovación social. Si eso no existiera, todo hubiese seguido igual desde la época de nuestras abuelas y no es cierto. Somos individuos y como individuos tendremos muchísimos deseos. El mercado puede regularnos, pero nosotras también podemos imponerle normas y este deberá adaptarse a todo lo que vamos haciendo.”

No se trata de follar menos. Tampoco de mirarnos les unes a les otres con desconfianza, a ver quién hace qué y por qué motivos ocultos. Nuestro deseo y placer no debería quedar atrapado en un mecanismo de prestigio social, pero para eso necesitamos liberarnos poco a poco de la mirada ajena. Follar para ti, y nada más, será siempre el mejor de los relatos.