Barcelona 2036: habrá tantos gimnasios que Dir acabará comprando las sucursales de la Caixa

Al final todo saldrá bien, y si no sale bien es porque no es el final. Esta máxima nos mantuvo con esperanza mientras se acercaba el trágico desenlace que iba a transformar nuestra vida razonablemente cómoda en un martirio razonablemente incómodo. Sobre el cómo se llegó a eso, cómo fuimos incapaces de evitarlo y cuántas veces hay que leer los programas electorales para entender algo voy a hablaros a continuación, siempre desde la omnisciencia que me ha sido mágicamente autoinducida:

Todo empezó cuando Amazon compró una parcela de 150.000 m2 en El Prat de Llobregat por apenas 30 millones de euros, allá por el año 2016. Fue el comienzo de una invasión sigilosa. Les siguieron Ebay, Google y Microsoft. El plan para convertir Barcelona en Silicon Valley se gestó en una reunión del Club Bilderberg en el Rey de la Gamba de la Barceloneta. El plan maestro se basaba en la colonización de la capital de un prometedor país a la deriva, repudiado por la Unión Europea tras su la escisión del Estado español y su inconcreta autoproclamación de independencia. Al parecer, la inyección financiera de estos gigantes tecnológicos tenía como misión secreta adquirir el control del mayor puerto mediterráneo, y lograr dominar el tráfico comercial de toda la economía europea, además de la jugosa gestión del negocio de las Golondrinas.

Mr Night Shaylaman dirigió en 2008 “El Incidente”, convirtiéndose en uno de mis profetas de referencia. Era inevitable que el planeta se rebelase contra todo el daño que los humanos causamos, pero no de la forma que a los ecologistas gustaría. La Tierra tiene un alma muy cabrona. Gaia es una gran hija de puta. A finales de 2015 comenzaron los primeros casos: una mujer se quemaba a lo bonzo en pleno Eixample. La rociaron con extintores y se salvó, pero el incidente había comenzado y ya nunca se detuvo. Poco a poco la gente comenzó a automutilarse mentalmente, escuchando a los políticos, la prensa rosa y David Bustamante. A los pocos meses se rodó la última temporada de The Walking Dead en las Ramblas; tan solo era necesario filmar a los peatones para contemplar el horror: los muertos vivientes eran una gran mayoría y Gaia de descojonaba en su cara.

El cierre de todos los estancos de Barcelona, la masificación de gimnasios, la escasez de agua mineral embotellada, los divorcios generalizados, el cierre de todos los burdeles y la erradicación del narcotráfico. Estas fueron las principales consecuencias catastróficas del increíble milagro acontecido a principios del 2016. Toda la población catalana cumplió por primera vez sus respectivos propósitos de año nuevo, dejando la situación económica en tenguerenges. Dir acabó comprando todas las sucursales de la Caixa. Todos estábamos jodidamente sanos. A día de hoy, por suerte, parece que la cosa vuelve a la normalidad. Acabo de oler matuja quemada al pasar por delante de un grupo de adolescentes. Queda esperanza.

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