La gentrificación de las afueras de  Barcelona es un fenómeno que se acelera en la pandemia. Pero lejos de ser espontáneo o inevitable, se trata del fruto de los movimientos discretos que se están sucediendo en los barrios de Collserola. Es un nuevo destino y oasis para las clases más privilegiadas de la ciudad.

Todo empezó a principios de los 90 en el barrio del Raval, que funcionó literalmente como un LAB de ensayo-error de la gentrificación.

Este fenómeno se provocó a través de toda la instalación de nuevas facilidades urbanas en el territorio. Los espacios degradados cobraban rápidamente otra dinámica, abriendo la puerta a inversores privados y dando rienda suelta a la economía capitalista: las personas que podían asumir un precio más elevado conquistaban estos barrios y las que habían vivido ahí siempre debían cambiarse a otros territorios más propicios, es decir, periféricos, para poder subsistir. Se diseñó y provocó la sustitución de las vecinas que ahí vivían, con tal de acoger una clase barcelonesa progresista, creativa, bohemia y tan interesante (y fancy) como privilegiada que ocuparía el nuevo distrito cultural y ejercería como embajadora de una nueva Barcelona. Con la simpatía del ayuntamiento del momento, se transformó de forma irreversible el Raval. Y de aquellos polvos, estos lodos.



Actualmente asistimos a algo muy parecido en diversos territorios de la ciudad, pero el caso que nos ocupa es especialmente curioso. Mientras estas dinámicas se están poniendo en marcha en barrios como Sant Andreu, y ya están plenamente instauradas en el Poblenou o Sant Antoni, en el entorno de Collserola nos encontramos con este fenómeno incipiente pero con un matiz: estamos ante un verdadero upper-exilio que procura para las clases privilegiadas y a su prole un entorno natural, espacioso para diversos espacios de socialización y eco-alimentación, a su vez libre de CO2 (excepto el de sus SUV).

Es decir, asistimos a la conquista de Collserola y sus barrios, por parte de los mismos de siempre: el vetusto privilegio del Upper Diagonal. Cuando hablamos de privilegios, hablamos principalmente de la economía, pero también del poder político, laboral, educativo e institucional: los privilegios que realmente hacen daño y establecen la diferencia.

Este plácido exilio hacia la vida natural, al puro estilo de Las Bucólicas de Virgilio, lo podemos encontrar en infinidad de ciudades, como Roma con el barrio de el Parioli, Nordstrand y sus eco-granjas y huertos en pleno fiordo de Oslo o los conocidos núcleos situados en las colinas de Los Ángeles, meca de diversos estilos de yoga y zumos naturales. Los habitantes de esos territorios prometidos se deben disipar de forma tan natural como la que anhelan para sus vidas. Y esto se pone en marcha subiendo precios, haciendo que las vecinas se vayan de sus casas y dejando sin opción alguna a los jóvenes de permanecer. A su vez, se destruye el tejido comercial, dejando a diversos trabajadores en el paro; ya que de todos es sabido que para según que personas no son necesarias las tiendas de barrio, ya que un Cabify o un Taxi eléctrico puede acercarnos al tejido comercial tan de proximidad, propio del norte de la Diagonal.

Por duro y ecológico que parezca, esto es Gentrificación con mayúsculas y responde a claros intereses que podemos llamar laRiquísima Trinidad”: Privilegiados, mercado y poderes públicos.

Cuando hablamos de núcleos humildes y diversas realidades, debemos entender las particularidades del territorio de Collserola, que abarca gran parte del norte de la ciudad. Aúna dos de sus polos y de sus profundas diferencias: el lado norte, lindando con Nou Barris y con el corazón viario del acceso al Vallès, donde aún podemos encontrar barrios no gentrificados; sus barrios principales de Vallvidrera i Les Planes, núcleos históricos familiares, mientras que el lado sur se convierte en un entorno más interesante, menos saturado, más desconectado y ya rodeado de zonas acomodadas.

Algunos de los sucesos más voraces los podemos localizar en el barrio de Les Planes y Vallvidrera, donde la gentrificación ya está desplazando a familias y haciendo que los jóvenes no puedan quedarse en su barrio. Uno de los casos más sonados y conocidos es el de la Casa Buenos Aires, usada como residencia de ancianos, situada en Vallvidrera y amenazada de derribo para la construcción de un hotel de lujo. La casa fue okupada por colectivos de jóvenes y vecinas, con claras reclamaciones: desgraciadamente y pese a las diversas y recientes revisiones del patrimonio de la ciudad, junto con numerosas quejas vecinales y de expertos donde se alertaba que esta casa estaba desprotegida legalmente, se pudo firmar su transformación en un hotel de lujo. De momento la Casa Buenos Aires resiste y aún espera que el Ayuntamiento proteja el edificio.

La desconexión con el resto de la ciudad atrae a otra realidad social de la ciudad que habita entre nosotros. Los barrios de Collserola son múltiples y están repartidos entre diversas ciudades, lo que dificulta realizar una lectura unificada de la situación. Las vecinas constantemente han reclamado una consideración especial, un censo de vecinas (actualmente inexistente) y la creación de una autoridad común que unifique  y los sitúe en la metrópoli como algo más que un parque de descanso y wellness para la clase acomodada. En definitiva, que los considere como una zona de residencias y núcleos históricos unificados, en riesgo claro de una gentrificación voraz.

Cuando pretendemos acceder a los servicios de estadística municipales, no se evidencian las cifras en el conjunto de esta zona tan especial, sino que estas cifras se separan por distritos, barrios o ciudades que los agrupan. Si tomamos como referencia la unión administrativa que componen los barrios del Tibidabo-Vallvidrera y les Planes podemos ver cómo la población ha ido en un aumento progresivo en la zona, así como el precio del suelo. Si además sumamos las estadísticas de los diferentes barrios y municipios que forman parte de Collserola, podemos ver cómo nos encontramos ante un proceso incipiente y silencioso que poco a poco se irá haciendo mediático, aunque ahora mismo se mantenga más en un segundo plano, lejos de la alarma de la prensa tradicional de la ciudad que en tantas ocasiones ha alertado de otros territorios gentrificados.

Algunos de los barrios, como es el caso de La Floresta, ya fue directamente diseñado como un microcosmos hippie-burgués, un oasis entre Barcelona y Vallès con reminiscencias de l’Empordà. Una urbanización a la inglesa en la que a partir de los años 70 los alquileres no dejaron de subir y ya se convirtió en un espacio propicio para el retiro espiritual para gente con dinero.

Pero, si seguimos la lógica tradicional urbanística que han seguido las ciudades europeas, en las que las periferias condensan y cristalizan las poblaciones más humildes, ¿qué sucede en estos barrios que no se sitúan en el centro? ¿qué diferencia a los barrios de Collserola y a su eco vibe, de los huertos situados en el canal del Besòs a su paso por Vallbona, en sí un proyecto piloto de ecobarrio? ¿Es que estos territorios no interesan a las clases privilegiadas y otros sí? ¿Interesan los territorios con procesos de gentrificación, ya que han sido impulsados por ellos mismos?

Si consultamos una conocida web de alquiler y compra de vivienda, donde sí podemos marcar en el mapa la zona de Collserola en su totalidad, rápidamente podemos ver el resultado y entender la situación actual: nos encontramos con multitud de lujosas casas, algunas a partir de los 2.000.000 €, que poco se parecen a las torres históricas que antes se erguían en nuestros barrios de montaña.

Es evidente que estos casos de migraciones de las clases más acomodadas hacia entornos naturales de la ciudad ya son tendencia, entonces, ¿puede sorprender a alguien el caso que sucede en Collserola? ¿Existen entonces procesos de gentrificación más sincréticos que otros? El caso de territorios como Sant Antoni o el Poblenou se pueden contrastar claramente a través de la prensa y estadísticas, pero el caso de los barrios de Collserola por su situación administrativa permanecen más difíciles de analizar en una lectura de usuario. ¿Cuál es el motivo? ¿La clase media-alta participa de la gentrificación de territorios como el Poblenou, pero en Vallvidrera podríamos hablar de otros estratos sociales? ¿Acaso esto sorprende a las administraciones?