Català

“No comprendo por qué escupes veneno, me dejas sin aliento, me quemas todo el cuerpo”, canta la voz de Maria Rodés. “Hace un tiempo que me veo y no me entiendo, me escucho y no me creo”, responden Santi Balmes i Joan Dausà.

Estos duros versos cuentan una historia de violencia y desconexión, pero ninguno de los tres músicos que la interpretan se representa a sí mismo. Una bailarina entre plásticos protagoniza el videoclip, y con esa información visual resulta más fácil entender la metáfora. La voz de Rodés simboliza la del planeta y las palabras del cantante de Love of Lesbian son nuestra reacción frente a la crisis climática.

La conclusión es clara y está en el estribillo: Hi ha d’haver una altra manera de viure. Esta preciosa canción ha sonado más de veinte veces en mi Spotify, y me ha emocionado en todas ellas. Podría convertirse en un himno ecologista, pienso. Qué rabia que el logo de Estrella Damm que la acompaña a todas partes la convierta en un anuncio.



ACTO I

El marketing de Damm no es un greenwashing cualquiera. A su lado, quedan ridículos los panfletos de las eléctricas con molinos de viento y mensajes tipo “estamos comprometidos con el planeta” o “juntos lo conseguiremos”. Para pasar de la poética a la concreción, la sostenibilidad tiene un puesto privilegiado en la web de Estrella. Ahí explican todas sus iniciativas para ser más verdes, que no son pocas, e incluso presentan una guía de entidades que trabajan para la preservación del Mediterráneo. ¿Será que se lo creen de verdad? ¿Les he juzgado por greenwashing demasiado pronto solo por ser una gran empresa? Aquí va un repaso de 5 medidas de sostenibilidad que destaca Damm… y dos pequeños ‘pero’.

DAMM elimina las anillas de plástico de los six-pack de cerveza

Desde el pasado mes de diciembre, el encargado de juntar las latas es el cartón biodegradable. Para Miguel Ángel Soto, responsable de las campañas de empresas en Greenpeace, es un cambio que “forma parte del momento”. Es decir, una novedad que constata que “la presión social ha forzado a imaginar envases con menos plástico”. Por ahora todo bien, parece.

Damm instala 349 puntos de reciclaje de latas… pero sigue en Ecoembes

Damm podría argumentar que no sólo se preocupa por el plástico explicando que ha instalado 349 compactadoras de latas a lo largo de la costa mediterránea. Andreu Escrivà, divulgador ambiental y autor de ¿Y ahora yo qué hago? Cómo evitar la culpa climática y pasar a la acción (Capitán Swing), cree que es normal que la empresa le dé tanta importancia a su residuo: “Una cerveza mola mientras te la bebes. Pero cuando te la terminas es un residuo que hace falta convertir en más amable. Por ejemplo, desapareciendo en compactadores de latas o percibiendo que no es tan mal residuo con las anillas de cartón. Todas estas mejoras son gestos positivos pero cosméticos. Se confunde mucho el impacto ambiental de un producto con la gestión de su residuo”.

Sin embargo, Damm forma parte también de Ecoembes. Ecoembalajes España S. A. es la única entidad que gestiona el reciclaje bajo el Sistema Integrado de Gestión (SIG) en España. Participar en ella es la forma que tienen las empresas productoras de envases de cumplir con su responsabilidad legal de gestionar los envases que sacan al mercado. Pero este modelo es muy cuestionado desde posiciones ecologistas. En Greenpeace consideran que “la sola pertenencia a Ecoembes pone a las empresas en el lugar de la mentira, ya que no hacen lo que dicen”. Según una investigación de la ONG en 2016 solo el 24,6% de los envases de plástico se recuperan, mientras que según cifras de Ecoembes el reciclaje de plástico llega al 66% en el mismo periodo. Existen pocos datos para saber quién miente aquí, ya que las cifras oficiales se suelen elaborar precisamente a partir de lo que calcula Ecoembes. En 2019, el gobierno de las Islas Baleares hizo su propio estudio y concluyó que sólo un 25 % de los envases ligeros generados -los del contenedor amarillo- llegan a las plantas de reciclaje, mientras el 56 % va a la incineradora y el 19% al vertedero.

Menos agua, pero ¿cuánta?

Según se desprende del Informe Anual Damm 19, la compañía hace esfuerzos para reducir anualmente tanto los materiales como las materias primas necesarias para fabricar la cerveza. Las últimas cifras disponibles indican que para un litro de cerveza hacen falta 173 gramos de materias primas (malta, arroz …) y 118 gramos de materiales (vidrio, aluminio …), además de mucha agua. Concretamente, 4,33 litros, y eso que el director de optimización de energía y de medio ambiente de Damm, Juan Antonio López Abadía, explicaba esto en una entrevista al digital Merca2: “en 10 años hemos conseguido reducir en un 37 % el consumo de agua”. La compañía también destaca que ha empezado a calcular su huella hídrica, así como su huella de carbono.

Para Andreu Escrivà, la diferencia entre el gasto de materiales por litro de cerveza y el gasto total de materiales es fundamental. La explicación está en la Paradoja de Jevons. Esta observación científica explica que, aunque parezca contradictorio, los aumentos de eficiencia pueden generar más uso de recursos que anteriormente: “Se pueden producir más cosas con menos materiales. Eso hace que sea más rentable y, en general, se fabrique más. Como consecuencia, es más probable que la mejora provoque un cómputo global de impacto ambiental mayor, no menor”, explica Escrivà. El divulgador pone como ejemplo de esta dinámica a los coches: “Ahora son más eficientes que nunca, pero en conjunto, como hay muchos más, consumen más gasolina que nunca”. Resulta que esta preocupación es pertinente en el caso que nos ocupa. Según el informe del Estado de Información No Financiera 2019 de la compañía, Damm gastó 5.899.580 metros cúbicos de agua en 2019, es decir, un 5,6 % más que en 2018.

Proximidad para más de 120 países

Otra de las características que se destaca en la web sobre las materias primas es que son “100% naturales y de proximidad”, si bien esa proximidad depende un poco de dónde te bebas la cerveza. Hay que tener en cuenta que, según su propio informe, las marcas de Damm “están presentes en más de 120 países” y en el último año han abierto nuevos mercados en Nigeria, Trinidad y Tobago o las Maldivas, entre otros.

Incluso si miramos solo la distancia entre el cultivo de materias primas y la fabricación de la cerveza, quedan algunas dudas. La web de Damm dice que “trabajamos con agricultores locales mediterráneos”, pero no explica qué parte de los ingredientes son de esos agricultores, ni tampoco qué se entiende por ‘agricultor local’.

En la web informativa sobre la Complot IPA, una cerveza minoritaria del grupo, sí hay una referencia más concreta. En este caso, nos aseguran que está hecha “con el lúpulo de Prades”, una localidad de Tarragona. Después de nueve scrolls dedicados a explicar la relación entre el pueblo de Prades y la Complot IPA, aclaran que el lúpulo tarraconense es sólo uno de los 8 tipos de lúpulo utilizados en la cerveza. No es de extrañar, ya que según datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación el cultivo de este cereal en España no cubre la demanda nacional. El 98 % de la producción se dedica a la industria cervecera, y sin embargo hace falta importar unas 870 toneladas anuales, casi lo mismo de lo que España es capaz de producir.

Energía 100% renovable… según un certificado

Toda la energía eléctrica que compra Damm para sus fábricas tiene un certificado de energía renovable. Sin embargo, en España no existe una comercializadora que solo venda energía realmente 100 % renovable. Toda la electricidad se distribuye por la misma red de distribución nacional, sea cual sea su origen. Es decir, Damm no puede garantizar que toda su electricidad sea realmente renovable, pero tú tampoco, aunque ponga eso en tu factura de la luz.

Pero más allá de la energía que compra, Damm también genera energía renovable de autoconsumo en su fábrica de El Prat: 3.963 MWh de un total de 381.696 MWh gastados anualmente en fabricar cerveza: lo que se produce con energías renovables en El Prat es sólo un 1 % del gasto real.

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ACTO II

A estas alturas del artículo, una parte de los lectores puede pensar que, con sus más y sus menos, Damm lo está intentando. Que a los ecologistas nunca nada les parece suficiente. “Bueno, es que no es suficiente porque el reto de la emergencia climática es mucho más descomunal de lo que se piensa”, lamenta Andreu Escrivà: “Pensamos que es una cosa de osos polares mientras tenemos miles de informes de miles de científicos que apuntan a que estamos en una encrucijada muy peligrosa para la humanidad”.

Entonces, ¿puede llegar a ser sostenible una gran empresa? Escrivá cree que “si algún día existe una cervecera realmente sostenible, no caerá de la nada”, sino que habrá pasado por un tránsito como el que Damm empieza. Bien pues, ¿vamos lentos pero en la buena dirección? “El planeta va camino del colapso mientras las empresas siguen haciendo gestos”, se queja Soto, de Greenpeace. “Un modelo de negocio basado en producir más y vender más cada año no se puede aguantar”, añade Escrivà. Entonces, ¿qué cerveza compro cuando vaya al súper? Esta es quizás la pregunta menos importante cuando te plantean una crisis civilizatoria.

En cualquier caso, dadnos unas líneas más, porque las lagunas en la conciencia ecológica de Damm se convierten en agujeros negros cuando ponemos la lupa sobre sus propietarios. Os presentamos a la familia Carceller.

Protagonistas de una de las mayores evasiones fiscales de España

Demetrio Carceller Arce es el presidente ejecutivo del Grupo Damm. Es también nieto de un ministro franquista de Industria y Comercio -dato difícil de ignorar aunque no tenga mucho que ver con la ecología-, hijo de Demetrio Carceller Coll y heredero de las fortunas de ambos. En 2016, los dos Demetrios llegaron a un acuerdo con la Fiscalía Anticorrupción para pagar una multa de nada menos que 92,3 millones de euros. A cambio, no cumplieron las penas de 42 y 14 años de prisión que se les pedía respectivamente. Con el pacto, se consideró probado que ambos colaboraron para simular que el padre vivía fuera de España. De ese modo, se permitía desviar sus ganancias a paraísos fiscales como Panamá. En total, 13 delitos contra la hacienda pública, incluyendo fraude en los impuestos del IRPF, de patrimonio y de sucesiones. “El primer mandamiento para ser sostenible es pagar todos los impuestos que corresponden a tu país”, opina Andreu Escrivà. “Sin eso, el Estado no puede invertir en políticas de transición ecológica. Es mucho más importante esto que cambiar una cuestión logística”, concluye.

Pese a la multa, los Carceller siguen apareciendo en la lista Forbes de familias más ricas de España. En la edición de 2020, se sitúan en el puesto 37, con un patrimonio aproximado de 1.200 millones de euros. Nada mal. Se podría pensar que la evasión fiscal es cosa del pasado, y que ahora los Carceller se han tomado en serio la crisis por la que pasa el planeta. Aunque Demetrio aclare en su carta del último informe ejecutivo que “la sostenibilidad y la responsabilidad social forman parte de la esencia de Damm desde los orígenes” y que el documento detalla un compromiso creciente con el medio ambiente… Va a ser que…

Los Carceller tienen una petrolera

That escalated quickly, efectivamente. Demetrio Carceller es propietario desde los años 90 de DISA Corporación Petrolífera, S.A. Se trata de la cuarta mayor red de gasolineras de España, sólo por detrás de Repsol, Cepsa y BP. De hecho, es quien tiene la licencia para explotar las gasolineras de la marca Shell en España y posee unas 600 gasolineras en el conjunto del Estado. Se trata de un negocio en expansión, ya que en agosto de 2020 DISA adquirió la portuguesa PRIO -y con ella 247 gasolineras más en Portugal- y se inició en el mercado petrolero de Uruguay.

Pero la cosa no acaba aquí. Los Carceller usan DISA como empresa matriz para controlar sus acciones en Damm. Según elDiario.es y a fecha de 2019, la participación de DISA en Damm es del 35%. En conclusión, aunque en el fondo ambas son parte del mismo negocio familiar, a nivel formal Estrella Damm es propiedad en un 35% de una petrolera. Quizás no nos hacía falta una conexión tan explícita para darnos cuenta de que esa canción preciosa de la que hablábamos al principio también era greenwashing.

ACTO III

Si con este artículo te estás sintiendo culpable por beber Estrella, lo siento, lo he escrito mal. El caso es que, si Damm deja de vender latas de aluminio de un solo uso, alguien se comerá su cuota de mercado. Si ‘cancelamos’ a Damm por todo esto, Heineken o San Miguel pensarán en su campaña para decirnos que ellos sí son Eco de verdad. ¿Te imaginas que nos intentaran vender cerveza diciéndonos ‘en nuestra fábrica, nadie trabaja más de ocho horas al día’? La mejor manera para conseguir que una empresa sea sostenible es obligarlas a todas a serlo. Claro que para eso hace falta ser ciudadanos, además de consumidores.

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