El Gutter Fest es lo mejor del mundo y vosotros no.

De nuevo, como cada año, el Gutter Fest nos brinda un delicioso fin de semana gracias a su existencia y presencia. Ya van siete años de este festival de autoedición que ha tocado la gloria de la misma forma que también ha tocado el fracaso. El Gutter se ha celebrado los días 24 y 25 de este pasado mes de mayo y debemos ser conscientes de que, si queremos que siga existiendo, los asistentes deberíamos colaborar de forma activa. El Gutter no es un supermercado en el que varios creadores y distribuidores venden sus productos encima de mesas de cuatro patas. El Gutter son una media docena de personas que quieren celebrar la libertad de crear y consagrar ideas en un formato físico. Y es importante saber que lejos de querer ceder a las inercias asquerosas del capitalismo, este certamen ignora adrede cualquier colaboración monetaria de marcas o entidades. Porque las personas que lo organizan son las mismas que contratan a los creadores de fanzines, a los grupos de música, los que verás sirviendo cerveza, preparando la comida y, si os quedáis hasta tarde, los que veréis limpiar todo el local y las cervezas que la gente es incapaz de tirar dentro de una basura (ese esfuerzo titánico).



Esta pasada edición podía no haber existido porque las personas encargadas de gestionar el festival descubrieron que la cuenta bancaria del festival estaba famélica. Con la ayuda de aportaciones económicas de personas anónimas, el festival pudo realizarse con un éxito abrumador de público. Pero que quede esto claro, el Gutter podría no haberse realizado.

¿Qué podemos hacer entonces para ayudar? Es muy sencillo, consumid en la barra de bar, comprad su merchandising o tocad en el festival con vuestro grupo de música. Si os dedicáis a entrar latas compradas en supermercados, robar bolsos de tela o hacer fotos de fanzines sin comprar una mierda, no solo no estaréis apoyando el Gutter y una forma de entender la vida pura y bella alejada de las torturas capitalistas, sino que estaréis siendo unos auténticos capullos.

En fin, gracias al Gutter y a sus organizadores por existir y demostrarnos que los paraísos siguen existiendo.