“Hay una mayoría social que no está representada políticamente”

Cuando George Orwell decidió vivir la guerra civil en Barcelona en 1939, lo que más le atrajo fue habitar una ciudad gobernada por obreros. Nunca antes había vivido en una ciudad así. Aquello duró poco. Aquel sueño se alejó para, quizás, volver. Ada Colau quiere una ciudad gobernada por los vecinos, decidida por los conocedores de cada realidad, independientemente del tamaño de su bolsillo. Del cómo y de cómo predicar, hablamos en esta entrevista. Es difícil encontrar a alguien que hable mal de ti, así que dime tú algo malo de ti.

¡Anda, me sonrojas! Los humanos tenemos muchas características que pueden ser buenas y malas a la vez. Soy consciente de que soy muy apasionada, pero a veces puedo ser demasiado vehemente. Cuando se tiene mucha visibilidad hay que ser cuidadoso porque puedes herir sensibilidades o intimidar a alguien.

¿Quién te tiene miedo?

No quiero que nadie me tenga miedo. No me gusta el miedo, pero sí que me respeten a mí y a la gente en general. En la política pública se generan unas relaciones sociales muy desiguales: hay gente que cuenta mucho porque tiene dinero y una mayoría social que no tenemos tanto dinero e importamos menos, hasta el punto de que se vulneran los derechos humanos en una ciudad tan rica como ésta, generando una fractura social. Lo que estamos pidiendo es respeto, no miedo.

¿A quién tienes miedo?

Intento no sentir miedo, pero, habiéndolo vivido en primera persona, a lo que tenemos que tener más miedo es a nuestros propios sentimientos de impotencia y resignación. Es lo que nos hace más daño. Nos hemos dejado llevar por una sociedad demasiado consumista e individualista y ése es nuestro mayor obstáculo. Lo descubrí cuando impulsamos la PAH: sabíamos que nos enfrentábamos a los bancos, que es el mayor poder del mundo mundial, pero lo que nos sorprendió es que antes de a los bancos, nos teníamos que enfrentar a la soledad, la vergüenza y la impotencia de la gente. El principal enemigo lo teníamos dentro. Cuando ves que no hay alternativa y te crees que todo es culpa tuya, estás derrotado.

¿Cuándo dejaste de trabajar para dedicarte a BCN en Comú?

He tenido la suerte de trabajar los últimos seis años en un observatorio de derechos humanos, l’Obersvatori DESC, donde trabajaba como técnica responsable de proyectos de vivienda y tuve la suerte de que por el propio trabajo podía trabajar mucho con la PAH. Me reduje a media jornada cuando empezó BCN en Comú porque era imposible conciliar. Hace dos meses que dejé completamente el trabajo del observatorio.

ada-colau-prioridades¿Cómo pagas el alquiler?

No queremos depender de ningún banco, nos autofinanciamos con las aportaciones de la gente. Y con ellas, ahora me están pagando un sueldo a mí y a otras dos personas de la organización, que estamos liberadas para dedicar todo el día a la candidatura.

¿Dónde te compras la ropa?

Depende. No me gusta mucho ir de compras, tengo poca paciencia. Pero hay contradicciones, a veces acabo yendo a una gran superficie bien porque es cómodo, bien por precio. Intento ir al comercio de proximidad o si puede ser, a lo producido localmente, aunque no siempre lo es.

¿Por qué no tienes ni casa ni coche?

Siempre he querido tener un hogar, pero eso no pasa necesariamente por tener una casa en propiedad, como muy bien se ha visto. Mucha gente ha perdido la casa por comprarla. No me gusta ir en coche y en Barcelona creo que hay que ir en transporte publico, bici o andando. No tengo ni carné de conducir y eso que creo que lo debería tener por seguridad, por si algún día hace falta. Cuando cumplí 18 mi madre dijo ‘¿qué quieres, carné o viaje a París?’ lo tuve clarísimo. En realidad, es cuestión de prioridades. Si tienes poco dinero, y es mi caso, tienes que elegir. De los caprichos que tengo, uno de ellos es comprar libros. Podría ir a la biblioteca, pero me gusta tener una buena propia y he priorizado eso.

¿Qué consultas al resto y qué decidas tú sola?

Más que consultar, es que trabajamos en equipo. Hay que ser muy arrogante para pensar que una persona sola puede dominarlo todo.

Pero nos han acostumbrado a eso…

Pero yo nunca he trabajado así. Vengo del activismo, donde se trabaja muy en red y da muchos resultados. Trabajo en equipo por convicción y también por necesidad, cuando hay pocos recursos hay que apoyarse. He visto organizaciones muy verticales que toman decisiones equivocadas muy a menudo. Y la gente se está dando cuenta. Que haya unos pocos que deciden por todos no ha dado muy buenos resultados. No se me piden grandes decisiones cada día, es que ya trabajamos en conjunto. Por ejemplo, si hay reuniones con asociaciones, lo primero que hacemos es hablar con el eje que trabaja ese tema, que es lo razonable. Yo no tengo un despacho, esto es una construcción colectiva. Luego hay personas delegadas que terminamos de decidir prioridades.

¿Como decidís sobre qué se vota?

En esta pregunta es donde se nota que no nos han educado para participar. Si vienes de una cultura participativa sabes que esa pregunta, formulada así, no tiene razón de ser. Los medios me preguntan ‘¿harás consultas todo el dia?’ ¡No, claro que no! No sería operativo, la gente tiene vidas complicadas y no está para que la consulten todo el día. Si tú votas a unos representantes es para que hagan el trabajo y lleven a cabo el proyecto por el que los has elegido. No se trata de banalizar la participación con consultas todo el tiempo, la participación es toda una cultura, una forma de gobernar que tiene muchas formas de construirse. Por ejemplo, en cómo gestionar un equipamiento en un barrio lo que hay que hacer es consultar a las entidades vecinales y preguntarles si creen que hace falta ese equipamiento y cómo se debe hacer. Es lo más sensato porque son los que conocen mejor la realidad del barrio y eso te da más garantías de éxito. No es que la gente pueda opinar o no, es que las cosas se harán mejor si se cuenta con la opinión de la gente que conoce las necesidades del territorio. Y así lo harás mejor que si lo hace una persona sola en su despacho, por muy técnica experta que sea. Después, las consultas se harán sobre aquello que la propia ciudadanía pida, no lo que decida el Ayuntamiento como institución. Otro ejemplo: en este mandato, el Ayuntamiento de CiU no ha apostado por las guarderías públicas, que son importantísimas y aún no llegan al 40% de la población. Encima, de las que ha inaugurado, heredadas del mandato anterior, ha privatizado la gestión con toda la comunidad educativa en contra. Eso es lo contrario a la cultura de la participación. Pero hay más: después de ese desastre, la comunidad se enoja y reúne miles de firmas. El Ayuntamiento dice que las firmas no se han recogido con los criterios formales y las desprecia. ¿Cómo no cuentan con ellos si son los que mejor conocen la realidad educativa?

Pero hay operaciones que están ya medio cerradas por el Ayuntamiento actual, ¿cómo procederías en un caso concreto como el del hotel que se plantea en el edificio del Deutsche Bank?

En ese caso ya hay una plataforma vecinal organizada que pide que se paralice. Lo único que hay que hacer es escucharles. Además, no es que todo se tenga que consultar, es que tenemos unos principios básicos que ya hemos expresado, entre ellos, que la política pública tiene que poner en el centro los derechos humanos, la vivienda, la alimentación, la sanidad, la educación… Hay que reinventar el modelo económico, porque el empleo que se crea es muy precario, y apostar por otros sectores productivos sostenibles que no son puramente la especulación. En definitiva, cambiar las reglas del juego para que haya control democrático de verdad. Dicho esto, una operación como la del Deutsche Bank es pura especulación en la que el Ayuntamiento interviene más allá de lo que le toca. No es que el fondo de inversión no haga una función pública, es que compra un edificio en el centro de la ciudad para forrarse. En eso no hay ningún interés social, no se entiende que el Ayuntamiento, que no interviene para parar desahucios, lo haga proactivamente para que se especule más, buscando solares (para más info, leed A Ladrillazos o buscad la página 20 de la edición en papel que podéis encontrar aquí). Lo que se está intentando ahora es que no se apruebe la licencia antes de que acabe el mandato, además de que cerrar chanchullos antes de las elecciones me parece una manera muy mala de gobernar. Entiendo que eso se podrá auditar, porque no está claro que sea del todo legal. En casos así se confrontan dos modelos de ciudad. Todos estamos a favor del turismo, pero la intervención pública debería servir para que la economía de la ciudad siempre acabe aumentando el bienestar general.

No estáis contra el turismo pero, ¿qué pasa con el turismo de lujo?

No es mi modelo favorito ni prioritario. Tampoco podemos estar en contra porque hay una economía de mercado, pero sí podemos promover un modelo u otro. Los privados pueden hacer lo que quieran bajo las normas existentes, pero los Ayuntamientos deciden qué necesita más la ciudad. No se entiende que la intervención pública, que dispone de decenas de millones de euros, abandone las obras de la parada de la línea 9 en la Marina, que está casi hecha, y se gaste el dinero en hacer de la Diagonal y el Paseo de Gracia avenidas de lujo. Nadie está en contra, pero ¿qué hay que priorizar?

¿Con quién te queda reunirte?

¡Buf! Son un montón de entidades y uno de los activos más grandes de Barcelona. Cuando nos presentamos lo hicimos porque observamos que hay una situación de emergencia. Con niveles de abstención altísimos, surgen iniciativas como la nuestra. No somos un partido más, venimos a cambiar la situación política. Ha habido un despertar ciudadano que tiene muchas expresiones y ésta es una de ellas, en forma electoral. Es especialmente esperanzador que haya tantos movimientos. Barcelona, por historia y tradición, tiene un tejido asociativo muy por encima de la media. Si quieres una ciudad democrática tienes que tener una ciudadanía activa y organizada. Barcelona lo tiene y sus políticos lo han despreciado. Nos tratan como una amenaza a la que hay que silenciar o comprar. Hay que aprovechar esa creatividad inmensa, aunque antes de las elecciones sea imposible reunirse con todas.

¿Y con Trias te has reunido?

Cuando era portavoz de la PAH. Después nada.

¿Cómo compatibilizáis dentro del partido el trabajo entre los que han dejado el curro para darlo todo y los que no han podido permitirse ese lujo?

Hay diferentes niveles de participación, lo que intentamos es que haya mucha transparencia. Quien participa más se esfuerza en hacer circular la información. En momentos decisivos, se hace un sobreesfuerzo. Hay que delegar también, si sé que tenemos un eje muy experto, como el de movilidad -que lo querrían otros partidos-, recurrimos a él. Lo bueno de BCN en Comú es que la gente que participa lo hace de forma desinteresada, sacando horas de su vida personal porque cree en el proyecto. Esa es nuestra fuerza, no tenemos poder político ni mediático, pero tenemos a la gente. Y confiamos en que nos van a dar las mejores propuestas. Las medidas finales sí son decisión colectiva, desde el principio. Queremos que participe todo el mundo, no se pide el carné a nadie.

¿Cómo elegiréis a los asistentes cuando lleguéis al Ayuntamiento?

Hay un código ético que funciona no sólo para los electos, sino también para los cargos de libre designación y que implica la limitación de sueldo o la eliminación de las dietas. Hay que redimensionar la plantilla de asesores y además hay funcionarios buenísimos que no están aprovechados y están ahí para la ciudad. Los limitaremos al máximo y, si hay que nombrarlos, habrá que buscar el equilibrio entre transparencia, criterios formales y el de la gente con la que tendrán que trabajar, que también cuenta.

¿Cómo explicas la confluencia con otros partidos?

Surgimos para intentar ganar. Somos ciudadanos que habíamos descartado la política institucional, pero la situación de emergencia nos hace cambiar de opinión. Planteamos cambiar la forma de hacer política desde el minuto cero. Creemos que hay una mayoría social que no está representada políticamente. El sistema se ha quedado caduco, la gente trabaja mucho más de forma cooperativa y los políticos son jerárquicos y funcionan con relaciones mucho más clientelares. Ponemos los objetivos por delante de las siglas y los discursos y, a partir de ahí, sumamos gente al máximo, especialmente a los que no se sentían representados. En las últimas elecciones la mitad de la gente no votó. Vamos a por ellos, pero también a por gente honesta que lleva tiempo en política y apuesta por un proyecto nuevo. Bienvenido sea todo el mundo, también formaciones que están dispuestas a dejar sus siglas de lado y crear una candidatura única. Que todas esas formaciones se unan es buena noticia porque, en vez de cuotas, aceptan ceder la soberanía a un espacio nuevo donde toda la gente decide.

En plan Martin Luther King, ¿cómo es la Barcelona con la que sueñas?

Lo que nos hace ilusión es pensar en Barcelona como referente internacional de una ciudad justa, amable y democrática. Que sea la punta de lanza del cambio que está en marcha, y que no solo es político, también cultural; es casi una crisis civilizatoria. Hemos vivido un neoliberalismo a escala planetaria que ha puesto el beneficio económico por delante de todo. Ese modelo ha fracasado ya, en él son difíciles las perspectivas de salir adelante. Hemos sufrido recortes de derechos que no pensábamos que íbamos a ver, el planeta no va a aguantar lo que le hacemos. Ese modelo nos ha llevado al fracaso y a una mayor infelicidad, a un mundo individualista y competitivo, donde cada vez estamos más solos e infelices. Esa crisis de valores no se cambia en dos días, es un proceso de décadas, pero Barcelona lo tiene todo para ser esa punta de lanza y demostrar que se puede vivir mejor de otra manera. Aprovechar mejor lo que se tiene, establecer lógicas de cooperación. Que la vida de la gente esté en el centro de las prioridades, que es algo de sentido común. ¿Cómo puede ser que a escala cotidiana funcionemos así y a nivel político no? Es una contradicción que no tiene sentido. Son cosas de sentido común pero hoy el sentido común se ha vuelto revolucionario.

¿Cómo se llega a la Barcelona sin coches?

No es una ciudad sin coches, se trata de racionalizar su uso. El coche debería servir para casos concretos. Hay un dato que me iluminó: solo el 15% de los desplazamientos en la ciudad se hacen en vehículo a motor y más de la mitad a pie. En cambio, el vehículo privado ocupa el 60% del espacio público. Se trata de invertir progresivamente esas proporciones, pero de forma positiva. No hay que perseguir a los coches, sino promover mejor transporte público. Por ejemplo, Barcelona ha apostado por el autobús a medias, ha puesto en marcha solo la mitad de las líneas previstas de la xarxa octogonal. Ha hecho el tranvía, pero ha dejado desconectado el centro. Estos planes, como no conectar los carriles bicis, atentan contra el sentido común. Con poca inversión se puede incentivar mucho más el uso del transporte publico porque el coche es lo menos eficiente. Luego hay un tema más de fondo: el Ayuntamiento de Barcelona tiene que tener un liderazgo mucho más fuerte a la hora de negociar con el Estado la inversión en rodalies, pendiente desde hace muchos años. La mayoría de los trayectos en coche son entradas de gente que viene de fuera a trabajar. Si el Ayuntamiento negoció con Fomento para la ampliación de los carriles de entrada de coches en la ronda Litoral, ¿por qué esto no?

¿Limitarías el número de cruceros que entran a la ciudad?

Para discutir ese modelo falta mucha información. La premisa de ‘cuanto más negocio turístico, mayor riqueza para la ciudad’ hay que analizarla. ¿Para quién? Los cruceristas ¿qué tipo de viajeros son? Los expertos dicen que el 40% se queda en el barco y ni pisa la ciudad, otros solo cambian de barco y una parte muy pequeñita la visita, y haciendo un consumo muy determinado en unas rutas muy concretas. Los tour operadores firman acuerdos con la Roca Village, los ponen en autobuses y los llevan fuera de la ciudad. Visto así, no hay tanto beneficio. En cambio, los cruceros están con el motor encendido todo el día y eso sí que nos afecta a todos. Primero quiero un mejor estudio, saber qué riqueza genera, dónde va y quiénes pagamos los gastos, la limpieza, la contaminación, la seguridad… Y luego, habrá que pedirle al puerto que mejore el tema de la contaminación. Una propuesta de mínimos es electrificarlo para que los cruceros se enchufen a la electricidad y contaminen muchos menos. No se trata de cruceros sí o no, es depende : tiene que beneficiar al conjunto y no a unos pocos.

Has dicho que no quieres un cuerpo antidisturbios en Barcelona, ¿qué harás con esos agentes?

No es normal que una ciudad tenga cuerpo antidisturbios propio, la política securitaria y más represiva es competencia autonómica o estatal. Además hay un problema añadido: está claro que ha habido muchas irregularidades, con varios casos de torturas con condena y distintos abusos policiales. Habría que minimizar el cuerpo y apostar por un modelo de mediación y seguridad en origen. Lo que funciona es una policía de proximidad que conozcan los vecinos, que conozca el barrio. Hace falta una reconversión.

Si te ha gustado la entrevista, lee todas las que hacemos a nuestros queridos políticos aquí.
Ilustración de Álvaro Fernández Pereda

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