Todas las veces que he ido a una jam session, ¡todas!, he tenido la sensación de estar descubriendo a un gran número de personas que en su infancia debieron caer en una marmita de talento. Ya sabéis, como Obélix con la poción mágica de Panorámix, solo que, en vez de fuerza sobrehumana, estas personas rebosan música. El chico que trabaja en el Zara de Glòries (para poner algún ejemplo) resulta ser un bajista nivel Jaco Pastorius y tu vecina del quinto tiene una voz alucinante. Sí, el mundo está repleto de talentos ocultos. El éxito está mal repartido, dirán algunos. Sea como fuere, las jams se convierten durante su existencia en un lugar de encuentro de estos genios secretos. Se juntan, a veces sin conocerse de nada, y ¡bibidibabidibum!: un miércoles cualquiera recibe una contundente dosis de magia.

El chico que trabaja en el Zara de Glòries (para poner algún ejemplo) resulta ser un bajista nivel Jaco Pastorius y tu vecina del quinto tiene una voz alucinante.

A grandes rasgos, para los que no estén familiarizados con el concepto, una jam session es un encuentro informal de improvisación musical. La palabra inglesa jam, usada en este contexto musical, parece tener sus orígenes en los años veinte y treinta, y hace referencia a un fragmento corto, improvisado libremente por un grupo de personas. En sus orígenes estas jams solían darse después del horario oficial del club o sala, pero más tarde, comprobado su éxito, pasaron a formar parte del propio espectáculo. Una jam está establecida como una sucesión de solos o riffs, que se sostienen sobre un fondo musical creado por el resto de músicos. Hay momentos en los que hasta tienes la sensación de que allí mismo se está disputando un combate musical imaginario y, claro… todos quieren ganar. Dichas improvisaciones pueden estar basadas en alguna armonía o partitura sugerida por uno de sus participantes, pero a veces, en casos más bien excepcionales, se puede dar una improvisación pura.



Una jam está establecida como una sucesión de solos o riffs, que se sostienen sobre un fondo musical creado por el resto de músicos.

En sus inicios, en el contexto del jazz del siglo pasado, estos encuentros solían darse en pisos particulares o fiestas privadas. Hoy en día eso sigue ocurriendo, pero también hay una serie de locales que ofrecen este tipo de formato. También en Barcelona, claro. Así que, si te apetece ser testigo de esta magia o participar tú mismo en una de estas jams, solo hace falta que te acerques los miércoles a la cafetería del Auditori i la Esmuc (Escuela Superior de Música de Catalunya) o los lunes al Jamboree de plaça Reial. El Marula Café también ofrece interesantes sesiones, así como el Harlem Jazz Club en el barrio Gótico o el Soda Acústic de Gràcia.

¿Conoces un local brutal en el que hacen jams que no hayamos mencionado? ¡Compartir es vivir!