En el pueblo de 700 personas donde crecí en el suroeste de Suecia nos hacían coser y tejer en el cole. Da igual si eras niño o niña, nadie se escapaba de esta asignatura obligatoria (aunque el consenso general era que las clases de madera eran mucho más guays ya que involucraban maquinaria que te podía cortar los dedos).

Por alguna razón tejer se me daba fatal y me acuerdo de un incidente en particular – debía tener unos 11 años – donde decidí mandarlo a la mierda y tirar mi mediocre labor de punto sobre las cabezas rubias de mis compañeros de clase hasta que dio contra la pared. Según la profesora era inaceptable hacer este tipo de cosas. Ya.

Unos 15 años después me encontraba en un viaje de trabajo y un botón del único vestido presentable que llevaba en la maleta se había caído, exponiendo más de mis pequeños pechos de lo que se hubiera considerado “profesional’.’ Genial. Pero junto con los jabones del hotel encontré uno de estos kits de costura que cada vez se ven menos, me senté en la cama y volví a pegar ese botón rebelde. Quizás las clases aquellas no habían sido tan inútiles como me pensaba.



¿Y los jóvenes, sabrán coser? 

Entonces, ¿la gente joven sabe arreglar su ropa? Y lo más importante – ¿lo hacen, a pesar de la tentación de entrar en cualquier tienda Inditex y comprarse algo nuevo en las rebajas a precio tirado? Hace tan solo unas décadas, coser un botón o arreglar un pequeño agujero era una habilidad básica de la vida.

El centro de aprendizaje Learnlife de Barcelona apuesta por un paradigma educativo diferente que se basa en el propósito de los alumnos, o los llamados “learners”. El espacio pretende ser pionero con nuevas fórmulas que rompan un poco la enseñanza de toda la vida, es decir, el memoriza, escupe y olvida. Fortaleciendo lo que al alumno se le da mejor y pensando más en proyectos que en asignaturas, los estudiantes aprenden también cosas prácticas para la vida, como coser. Uno de los 13 caminos que pueden escoger es moda, un departamento dirigido por la profesora, o “learning guide” Ana Aguilera.

Aunque quieren empoderar a otras escuelas en la innovación, coser no es una asignatura obligatoria en las escuelas catalanas. Lo más cercano en el currículum es la competencia social y ciudadana, donde se trabajan temas de sostenibilidad y de crecimiento racional y equitativo. “También se trabaja el consumo responsable”, según Maite Aymerich, directora general de currículum y personalización en el departamento de educación de la Generalitat. Osea que, como siempre, mucha teoría y poca práctica.

Pero está en las manos de cada centro educativo decidir cómo desarrollar este tipo de iniciativas, y mientras coser puede formar parte de ello, no es un objetivo en sí mismo. Así que los padres que quieran asegurarse de que sus hijos no se queden tirados en habitaciones de hoteles con botones tirados por el suelo harán mejor en acudir a YouTube o a centros de aprendizaje alternativos.

Arréglalo, transfórmalo

En el mundo de la moda sostenible, se suele medir el impacto de cada prenda por los kilos de CO2 que desprende su fabricación y transporte. Científicos suecos han encontrado que una camiseta de algodón puede desprender unos 2 kilos de CO2, mientras un vestido hecho de poliéster unos 17 kilos.

Pero también importa cuánto usamos cada prenda. Según los suecos, la mayoría de camisetas se usan unas 22 veces al año, mientras un vestido solo ve el sol unas 10 veces – esto también contribuye a que el CO2 desprendido por cada uso sea muchísimo más alto para el vestido.

Una opción para combatir este problema es el “upcycling,” que te permite transformar prendas o tejidos viejos y darles una nueva vida, sea unos jeans convertidos en un bolso o un jersey viejo renacido en forma de bufanda. “Lo que para mi va a transformar el mundo es cuando ellos [los alumnos] puedan ver las oportunidades que jamás nadie ha visto en su comunidad, relacionado con la moda. Por ejemplo, imagínate que haya muchísima ropa usada y ellos en vez de verla como desperdicio la vean como una oportunidad,“ explica Aguilera.

Según ella, todo el mundo puede ver un video de YouTube y aprender a coser, no necesitas un profesor. “¿Cuántas cosas sabemos hacer que no hacemos, porque hay una solución más rápida y barata?”, pregunta. El problema está en nuestra mentalidad. Así que no hay excusas. Votamos con nuestros euros, con las marcas que decidimos apoyar, y más importante, con lo que decidimos hacer con lo que ya tenemos en el armario. Saca las agujas y arregla el agujero en la capa de ozono, una puntada detrás de otra.