La rima me da grima: Imperio de palabras

El mismo día en que encontré el libro Noticias del Imperio en el puesto de libros de segunda mano de la parada de metro de Verdaguer, su autor, Fernando del Paso, murió en su casa de Guadalajara, México, a los ochenta y tres años. Quizá incluso fuera en el mismo segundo. Era el 14 de noviembre de 2018.

Del Paso ganó todos los premios que puede ansiar un escritor con cuatro novelas que escribió, casi con precisión matemática, cada diez años: José Trigo, Paniluro de México, Noticias del Imperio y Linda 67.

Noticias del Imperio, con sus 1.035 páginas, hubiera pasado apuros en la “máquina risueña de pesar libros”, que, según Vila-Matas, diseñó Walter Benjamin para identificar aquellos libros insoportables y, por lo tanto, intransportables. Es una ironía que la edición que manejo la comprara en la red de transporte y se llame Verticales de bolsillo. No existen bolsillos para una novela así, ni verticales ni horizontales, y es una novela que es portátil, y, en tal caso, ligerísima, solo cuando se ha leído de un tirón o durante cincuenta y cinco mañanas, como me ocurrió a mí.

Fernando del Paso da voces a una miríada de protagonistas del efímero Segundo Imperio Mexicano, entre 1863 y 1867, y sobre todo a Carlota de Bélgica, la esposa del emperador Fernando Maximiliano de Habsburgo, para que podamos adentrarnos en un suceso histórico del que se ignora bastante a este lado del Atlántico: la coronación de Maximiliano como emperador de México, respaldado por la Francia de Napoleón III, y su subsiguiente caída y ejecución en el Cerro de las Campanas por parte de las tropas de Benito Juárez.

Noticias del Imperio, con sus 1.035 páginas, hubiera pasado apuros en la “máquina risueña de pesar libros”, que, según Vila-Matas, diseñó Walter Benjamin para identificar aquellos libros insoportables y, por lo tanto, intransportables.

Carlota de Bélgica se volvió loca y, en la voz de Del Paso, vivió sesenta años más en el castillo de Bouchout, delirando, divagando, recordando cómo conoció a Maximiliano, cómo se enamoró de él, cómo corrió por el Palacio de Miramar y el Castillo de Laeken, cómo llegaron a México, él, Emperador, ella, Emperatriz, y cómo volvió Maximiliano, en un ataúd que le iba pequeño y con unos ojos negros de cristal que le habían robado a una Virgen: «Yo soy María Carlota Amelia Victoria Clementina Leopoldina, Princesa de la Nada y del Vacío, Soberana de la Espuma y de los Sueños, Reina de la Quimera y del Olvido, Emperatriz de la Mentira: hoy vino el mensajero a traerme noticias del Imperio, y me dijo que Carlos Lindbergh está cruzando el Atlántico en un pájaro de acero para llevarme de regreso a México».

Así habla María Carlota, y recompone el relato del Imperio con un monólogo joycesco y desesperado, rico, detallista y emotivo, en el que se intercalan las voces de soldados mexicanos y franceses, de Benito Juárez y su secretario, de Napoleón III y su mujer Eugenia de Montijo: «Dicen que estoy loca sólo por eso: porque quiero recoger todos los pedazos de mi vida y con ellos, como con un rompecabezas, hacer un espejo donde pueda ver mi vida entera en un instante», dice Carlota de Bélgica. O eso es lo que dice que dijo Fernando del Paso, que se pasó dos años documentándose, y ocho más escribiendo, dos años con la historia y ocho años con la poesía (o, parafraseando a Tolstói, el historiador busca una heroína, el artista, una mujer), una novela polifónica e inigualable que es precisamente eso: un espejo fluido y cambiante donde ver la vida de Carlota de Bélgica, imaginada por un mexicano que vestía como un dandy y escribía como un loco, durante cincuenta y cinco mañanas de invierno.

Fernando del Paso, 2008, Noticias del Imperio, Verticales de bolsillo.

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