Cada tarde a las 20.00 horas se escucha en los balcones «también esto pasará», «resistiré» y otras maneras de convertir la tragedia individual en colectiva. Pero ¿nos afecta a todos por igual la crisis del coronavirus? ¿La fragilidad es común? Lo que sí que es evidente es que los y las que permanecen más tiempo en casa encerrados, confinados (llamémosle como queramos a esa limitación de la libertad individual) no han dejado de proporcionar cultura. Conferencias en streaming, clubs de lectura, poesía en directo, encuentros literarios… Twitter e Instagram están que arden con nuevas iniciativas. ¡No nos quedan hastags! ¡Que alguien amplíe los 280 caracteres! Los hilos de Twitter están siendo el storytelling más valioso en tiempos de cuarentena. ¿Lo importante? Mantener la atención de un público lector tentado por la necesidad de poseer un libro aquí y ahora o esperar a que reabran las librerías de proximidad.

Un libro que se abre por otro que se cierra. En el exterior todavía se levantan algunos negocios que proporcionan bienes de primera necesidad. Los riders y distribuidores se desplazan por la ciudad entre el silencio. Solo sirenas, claxon, mascarilla, guantes y una librería que abre para hacer recuento e inventario. De fondo la estela de una crisis, la del coronavirus, que ya afecta a millones de personas en todo el mundo. Se habla de pandemia y así es. En términos sanitarios, pero también económicos. Solo en España se calculan unas pérdidas de 960 millones en el sector cultural en el próximo mes, según la Asociación para el Desarrollo de la Propiedad Intelectual (Adepi). Pero todavía es pronto para hablar en un escenario que cambia en cuestión de horas.



Los hilos de Twitter están siendo el storytelling más valioso en tiempos de cuarentena. ¿Lo importante? Mantener la atención de un público lector tentado por la necesidad de poseer un libro aquí y ahora o esperar a que reabran las librerías de proximidad.

Tampoco las librerías escapan al nivel de pérdidas previsto. Sobre todo, en una fecha tan próxima a las ya pospuestas Feria del Libro y Sant Jordi. Los estantes repletos de novedades editoriales y sus libreros tendrán que esperar. Madrid ya ha anunciado que se realizará en octubre, pero en Cataluña todavía no hay fecha para Sant Jordi. El gremio empuja para que se celebre antes de verano, otros libreros prefieren aplazarla a octubre. El centro de la cuestión, no baladí, es el valor simbólico y económico de una fiesta que el año pasado facturó 22 millones de euros.

En estos primeros días de cuarentena el tiempo recorre ya cada uno de los sectores. Desde las casas hasta los supermercados. Unos matan las horas y otros las estiran al máximo para aplazar pagos, devolver los libros que no se van a vender o pedir un crédito. «¿De verdad queremos créditos para luego estar encadenados y continuar ahogados con los pagos? Está crisis lo que está demostrando es que somos un sector vulnerable», reflexiona Ángel Tijerín, propietario de la librería On the Road que desde hace cuatro años llena de literatura beat el barrio de Sant Pere. Ahora sus puertas han cerrado al público. Como el 80% de los libreros, ha decido no hacer envíos sumándose a ese #yomequedoencasa que tanto se repite en los últimos días.

«No podemos pagar la misma cuota de autónomos que, por ejemplo, los restaurantes, porque nuestro nivel de facturación es mucho menor. Si queremos cultura, hay que protegerla». Mientras, en las proximidades de la librería aumentan el número de bares que ahora también han tenido que bajar persiana. «Si esto sigue así, al final recorreremos una Barcelona vacía de cultura». No es el único que asiente y reflexiona. Para la filósofa Marina Garcés: «la fragilidad del sistema es una realidad que el virus evidencia. Se están reproduciendo lógicas que ya estaban y que muestran la vulnerabilidad de ciertos colectivos».

Ángel Tijerín (On the road): No podemos pagar la misma cuota de autónomos que, por ejemplo, los restaurantes, porque nuestro nivel de facturación es mucho menor. Si queremos cultura, hay que protegerla.

Frente a la presión de diferentes gremios relacionados con el mundo de la cultura, el Estado ha anunciado ciertas medidas que podrían paliar las consecuencias que el Covid-19 está ocasionando en el sector cultural. Este, como el resto de sectores afectados por la crisis del coronavirus, se acogerá a la línea de crédito ICO (de 100.000 millones de euros), a la eliminación de la cuota de autónomos y la agilización de los ERTE (Expediente de Regulación Temporal de Empleo).

Respecto a la suspensión de alquileres no ha habido respuestas concretas. Un hecho que preocupa de lleno a numerosas librerías que ya han tenido que pactar con sus arrendatarios para fraccionar el pago del mes de marzo o incluso la mitad del recibo. Eso si la cuarentena dura un mes. «Ningún local aguanta más de dos meses cerrado. Es inviable», confirma Ángel. Y sin ventas, ¿cómo pagar el alquiler?

«Necesitamos más que nunca planes de choque por parte del Estado», explica Eric del Arco, librero de la librería Documenta que en pleno Eixample también sufre las consecuencias de esta pandemia. Con el ERTE el espacio tiene asegurado que sus trabajadores continuarán cobrando, pero habrá que sumar el pago del alquiler, las facturas de la luz o las cuentas con distribuidores y editoriales. Una cadena inquebrantable en un sistema que trata de encajar como puede una de las mayores crisis de los últimos tiempos.

Y las diferencias entre grandes magnates y pequeños comercios se hacen evidentes en un momento en el que las compras online en plataformas como Amazon siguen creciendo, o Fnac, que todavía continúan haciendo envíos a todos los hogares.

Mar Redondo (La Carbonera) confía en que «este periodo sirva para que valoremos mucho más la cultura». Un sector que el pasado año aportó al PIB más de un 3,2 por ciento del total, una suma cercana a los 40.000 millones de euros y que representa un 3,6% del empleo total del país.

«Todo se ha parado, pero la mensajería sigue trabajando. Están haciendo negocio de todo esto», explica Mar Redondo, socia trabajadora de la librería La Carbonera que también está adaptando su programación cultural a través de la red. Conferencias por YouTube con centenares de personas que escuchan e interactúan entre ellas. Ahora, la pregunta que asola a muchas librerías que vuelcan contenidos en Internet es: «¿Cómo monetizamos todo esto?». Redondo confía en que «este periodo sirva para que valoremos mucho más la cultura». Un sector que el pasado año aportó al PIB más de un 3,2 por ciento del total, una suma cercana a los 40.000 millones de euros y que representa un 3,6% del empleo total del país.

Pero y, ¿cuándo todo acabe? ¿Las personas se volcarán en las librerías arrasando con narrativa, ensayo o poesía? «Los humanos funcionamos por impulsos. Cuando termine la cuarentena habrá gente que se acercará a las librerías y eso evidenciará un gran arranque, pero lo que importa es cuántos se quedarán después», explica Xavier Vidal, propietario de las librerías No llegiu en el barrio de PobleNou y el Clot.

Xavier es uno de esos libreros que a fuerza de confinamiento ha tenido que reinventarse. «Me he dado cuenta de todas las posibilidades tecnológicas que hasta ahora no había utilizado». Para futuros se plantea poner en marcha actividades virtuales que puedan complementarse con las presenciales. Sin dejar de lado el fetiche por lo táctil, las estanterías y, más allá de eso, «la librería como encuentro social, dotada de identidad y en la que se genera un ambiente de comunidad».

Xavier Vidal (No Llegiu): La literatura enseña mucho más que la realidad. En los libros aparecen tantos personajes y cada uno piensa de una manera tan diferente que sus reacciones ante las cosas generan empatía. Podemos entenderles y nos recuerdan que no estamos solos.

Si tras el confinamiento volveremos en masa a las calles está todavía en entredicho. Son tiempos de incertidumbre. Mientras unos devoran series y películas, otros comienzan un nuevo libro. La diversidad de contenidos, charlas, cursos o retos virales forman parte de esa rutina que hemos creado por y para salir ilesos de una cuarentena que tiene mucho de mental. Y aunque, como afirma Eric del Arco, «estamos en un proceso de cultura por streaming que cada día va a más», los libreros y libreras confían en que estamos recuperando el hábito lectura. Hasta el momento y para abastecer a futuros lectores, el Ayuntamiento de Barcelona ya prevé una partida de un millón de euros para incrementar el fondo de las bibliotecas que tendrán que hacer compra en las librerías de Barcelona.

Parece que frente al actual bombardeo informativo ya hay dos o tres libros cubriendo la mesita. Una luz ilumina cada escritorio. Ideas por doquier. Hay quien dice que, en caso de buscar respuestas: ficción, siempre ficción. «La literatura enseña mucho más que la realidad. En los libros aparecen tantos personajes y cada uno piensa de una manera tan diferente que sus reacciones ante las cosas generan empatía. Podemos entenderles y nos recuerdan que no estamos solos», explica Xavier Vidal.