Ser mujer y policía a la vez ya no es un oxímoron, como en décadas anteriores, pero siguen sin ser muchas las que han entrado en el sector.

Las mujeres aún destacan en equipos mayoritariamente formados por hombres. Prueba de ello es el momento histórico que vivió la Guardia Urbana de Barcelona hace menos de dos semanas, cuando se celebró la primera convocatoria de aspirantes que introduce una cuota de género. Concretamente, el 40%, el máximo que permite la nueva ley de policías locales de 2020. De un total de 282 plazas, se reservarán 112 para ellas. Esto ha hecho que se alcance el porcentaje de mujeres aspirantes a la GUB más elevado de la historia del cuerpo: un 32%. 

Es una muy buena noticia, sí, pero sé lo que estás pensando: un 32% no es tanto, ¿verdad? Pues no. Este trabajo, tanto a nivel local como en los Mossos d’Esquadra y los cuerpos de seguridad de todo el estado, sigue siendo eminentemente masculino, en su forma y en su contenido. En una sociedad marcada por la división binaria de roles entre hombres y mujeres, “hay aspectos de la profesión de policía que encajan absolutamente con lo que se otorga socialmente a lo masculino: la autoridad, la valentía, la fuerza”, apunta la investigadora del Instituto de Seguridad Pública de Catalunya (ISPC), Lola Vallès Port. Como descubrió esta experta en su tesis – uno de los pocos estudios sobre cultura policial que analiza por separado ambos géneros -, más del 50% de aspirantes, hombres y mujeres, que acceden a la policía catalana comparten la perspectiva de que es “un trabajo de hombres”. 



La manera de comunicar al público su labor no hace más que apuntalar esta imagen social tan masculinizada de lo que hace un policía. Según este estudio reciente del Departament d’Interior de la Generalitat, en el que participó Vallès Port, hasta un 44,4% de las imágenes publicadas en las cuentas de Twitter e Instagram de los Mossos entre abril y agosto de 2019 contenían hombres exclusivamente. Además, “lo que pasa es que ellos aparecen en acción y ellas son mujeres florero que no hacen nada o hacen tareas más de atención comunitaria y menos de acción”, subraya la experta. Así el mensaje queda claro: podéis entrar, pero haréis cosas de mujeres. 

A paso de tortuga

Elena Cobler fue de las primeras mujeres en romper con la barrera del género, en su caso en la policía local de Reus. Tras 42 años en el cuerpo y ahora ya jubilada, lamenta que “durante todo este tiempo no se ha avanzado casi nada”. Sí que han cambiado aspectos como el uniforme, las labores que se les permite hacer (al principio se dedicaban básicamente al tráfico) o el trato de la ciudadanía, pero su presencia sigue sin estar normalizada. “Al principio los comentarios y los piropos nos hacían gracia, formaba parte de nuestra cultura el vernos diferentes, pero es triste que aún nos asombremos al ver una mujer policía en moto o a caballo”. 

La presencia de las mujeres en la policía ha crecido a paso de tortuga durante los últimos años. En el conjunto de policías locales de Catalunya, por ejemplo, las mujeres solo representan un 12,28% del total, apenas dos puntos por encima del 10,5% que representaban en 2010, según datos del Instituto de Estadística de Catalunya. Los Mossos d’Esquadra, en cambio, se acercan más a la media europea con un 21,05% de mujeres entre sus efectivos. El motivo es que la policía catalana se constituyó prácticamente desde sus inicios en 1983 como un cuerpo mixto, incorporando a las mujeres ya en su segunda promoción, mientras en las policías locales y guardias urbanas ellas entraron mucho más tarde que los hombres. Sin embargo, este porcentaje en los Mossos solo ha crecido… ¡un 0,31% desde 2010!

Las pruebas y el aislamiento

Las pruebas de acceso son también un elemento clave para explicar la baja presencia femenina en el cuerpo. Aunque existen baremos adaptados por géneros, “depende del tipo de prueba que valores, fuerza, agilidad…, favoreces más a un colectivo u otro”, explica Vallès Port. Un buen ejemplo es la eliminación el año pasado del requisito de una altura mínima para entrar en la policía catalana. Ya en 2003, se había reducido la exigencia para las mujeres de 1,65m a 1,60m, con un impacto muy positivo en el acceso de mujeres al Curso de Formación Básica para Policías: de representar un 17,8% de los aspirantes en 2002 a un 33% en 2003. 

Lo lógico es pensar que cuantas más mujeres entren en los cuerpos de policía, más se feminizará la imagen y la forma de trabajar día a día del cuerpo, pero la verdad es que las agentes aún no son suficientes para propiciar este cambio. Una vez entran, de hecho, el aislamiento impide que se establezcan alianzas entre ellas. “No solo es que haya pocas mujeres, sino que las que hay están muy dispersas en el territorio y esto impide que hagan red entre iguales. Muchas veces se encuentran en un equipo de trabajo donde son solo una o dos y quizás ni siquiera coinciden en los turnos”, relata la investigadora del ISPC. Así lo experimentó Cobler, quien explica que “te mimetizas y piensas como ellos y eres como ellos porque si no no formas parte”. Es una cuestión de supervivencia. 

Por otro lado, si la justicia o la igualdad no te parecen motivos suficientemente buenos para querer más mujeres en la policía, resulta que los datos recopilados por Vallès Port en su tesis (con una muestra de unos 2000 agentes observados durante 7 años y medio) también dejan claro que, de alguna manera, “ellas son mejores policías”. A lo que se refiere la investigadora es que hay ciertos aspectos negativos propios de la cultura policial – como la desconfianza hacia la población o la percepción de las leyes como una traba – que, en el caso de las mujeres, aumentan menos con el tiempo. Así que, si entran agentes, estas características de la cultura profesional previsiblemente se reducirían. 

Pocas jefas

No se trata solo de mirar cuántas mujeres hay en los cuerpos de policía, sino también qué puestos ocupan una vez están dentro. Y, oh, sorpresa, la radiografía aún es más desoladora en este sentido. En el conjunto de las policías locales de Catalunya, solo un 6,8% de los agentes con alguna graduación son mujeres. En los Mossos, por su lado, ellas representan un 12,7%. Varios elementos pueden explicar este desequilibrio y la conciliación es clave.

% dones a les policies locals % de dones amb graduació sobre el total de dones % d’homes amb graduació sobre total d’homes % d’agents amb graduació són dones
2019 12,28% 10,11% 19,26% 6,8%
2010 10,50% 8,2% 18,12% 5,09%

Datos policías locales de Catalunya. Fuente: Idescat

En el caso de la policía catalana, opositar  a cargos superiores o a puestos especializados supone que te trasladen geográficamente en el territorio. Esto afecta tanto a hombres como a mujeres, pero “ellas casi nunca quieren asumirlo, no quieren renunciar a sus hijos y a su red”, según Vallès Port. Esto hace que las agentes promocionen mucho menos. También existe en la organización un marcado sesgo de género en la selección de candidatos. Los hombres en el poder tienden a escoger a otros hombres. De hecho, la cúpula de los Mossos cuenta ahora mismo con una sola mujer, la comisaria Cristina Manresa. 

Aún queda mucho por hacer y un amplio abanico de medidas posibles por aplicar, desde las campañas publicitarias hasta la preparación de las aspirantes en cursos previos o la introducción de cuotas, como recientemente hizo la GUB. “Son medidas difíciles porque generan rechazo pero se tienen que utilizar temporalmente, hasta que ya no sean necesarias”, concluye la investigadora. 

% dones % de dones amb graduació sobre el total de dones % d’homes amb graduació sobre total d’homes % d’agents amb graduació són dones
2019 21,05% 14,49% 26,5% 12,7%
2010 20,74% 13,42% 26,31% 11,78%

Datos sobre Mossos d’Esquadra. Fuente: Idescat