Nieva. Joder. Está nevando. Ahora es cuando llenamos las redes sociales y los medios de comunicación del Tibidabo blanco, que siempre da mucho juego. Vale. Es febrero, hace bastante frío porque es invierno y el Tibidabo está bastante alto. Es medio normal, da para un par de titulares si acaso. Para noticia del siglo no da, de verdad, y además, los copos no opinan. “Hace tiempo que queríamos venir y no nos dejaban…”, ¿se imaginan?

En vez de la nieve, podríamos hablar de Bartomeu. Es más, podríamos juntarle con Pedro J y que se dedicaran a partir de ahora a crear, exclusivamente, teorías de la conspiración sobre todo lo que existe. Podríamos incluso crear una cartera de búsqueda de enemigos. Sería el Ministerio del Enemigo Ajeno y en él podrían entrar todos los que buscan en el otro la diana de todas sus miserias. España y el Real Madrid serían los presidentes honoríficos.

Pero incluso, en vez de hablar de nieve, del procès y del Barça, podríamos hablar de la vida real. Hablar del desahucio de una familia con un niño de cuatro años de su casa en Ciutat Meridiana que tuvo lugar ayer. O del de Maria Goretti, una vecina del Guinardó que hoy perderá su casa y se quedará sin techo en su silla de ruedas, en plena enfermedad degenerativa que acabará paralizándola por completo.

Podríamos, pero joder, ¡es que el Tibidabo está tan blanco!