El miércoles 11 de marzo, a tres días de celebrar el evento más importante de nuestro año, nos llegó la noticia. What the Foc! queda suspendido por la Covid-19. Todos los eventos de ese fin de semana fueron los primeros en cancelarse del país. De repente no teníamos nada que hacer, y salimos de la oficina y nos fuimos a tomar cañas y comer unos berberechos al sol de un mediodía de marzo.. A los pocos días llegó el estado de alarma y empezamos a entender la dimensión de todo esto. Quedó claro que sacar una edición en abril iba a ser imposible, los puntos suscriptores estaban cerrados al público. Además, el resto de eventos, espectáculos, y conciertos (de abril, mayo, junio…) empezaron a caer, y con ellos las campañas publicitarias que también nos sostienen. Sin ellos y sin vida cultural en la ciudad, somos historia.

Entra el confinamiento. Llevamos dos meses en casa. Algunxs se lo han tomado mejor que otrxs. Ha habido días oscuros, búsquedas desesperadas de ayudas, ideas, dudas (mil) y repeat. Buscar apoyo es difícil en nuestro caso. Las revistas independientes y trilingües barcelonesas somos pocas. No tenemos ni gremio ni asociación. Hay cientos de miles de restaurantes y comercios, y por su ubicuidad figuran de manera prioritaria en cualquier crisis. Incluso hay centenares de salas de conciertos y teatros, como las librerías, y tienen sus asociaciones y un Institut de Cultura de Barcelona para protegerlos.



La prensa, por lo general (y lamentablemente), está consolidada en grupos grandes (Godó, Zeta, Prisa, Unidad Editorial, etc.). Pero ¿nosotros? Nosotros ni siquiera sabemos qué somos. ¿Prensa? ¿Cultura? ¿Somos un comercio? ¿Qué ministerio nos corresponde? ¿Quién pensará en nosotros cuando formulen las convocatorias a sus nuevas ayudas o becas? Seguimos sin respuestas claras a estas preguntas.

Así que decidimos recurrir a vosotrxs, queridxs lectores, a través de una especie de crowdfunding para salvar esta edición especial. Hemos puesto a la venta ciertas palabras claves (¡a la mierda la independencia de la prensa!), y habéis contestado comprando “paz mundial” y “cagabandúrries”. Detrás de cada palabra comprada –y subrayada aquí dentro de la edición– hay una persona generosa que, gracias a su compra, nos ha regalado lo que normalmente no se puede comprar, lo más valioso del mundo mundial: más tiempo.