Existe una confusión colectiva sobre si podemos vivir sin plástico. Nos guste o no, el plástico es un material inmensamente útil en nuestra vida diaria. Otro tema es que, a consecuencia de él -y de nuestros hábitos- vivamos entre escombros.

Para Bernd Roegle “el debate no debería ser elegir entre plásticos sí o no. El verdadero reto consiste en introducir conceptos como la sostenibilidad y la circularidad en la concepción, fabricación y uso de los plásticos, con el objetivo final de mantener sus ventajas, minimizando sus inconvenientes”. Vinculado al mundo del plástico desde la infancia, Bernd Roegle es el director general del Grupo Roegle y presidente del comité organizador de Equiplast, el encuentro internacional del plástico y el caucho que tendrá lugar a mediados de septiembre en la Fira de Barcelona. Un certamen que, entre otros objetivos, destaca el de poner de relieve el papel y la importancia del sector del plástico en el desarrollo, tanto de nuestra industria como de nuestras sociedades.

El plástico está en todas partes

El plástico está en todas partes: en la ropa, en la tecnología, refrigeración, en las tecnologías anti-incendios, etc. Este material, derivado de orgánicos naturales como el petróleo, el carbón, el gas natural, la sal y la celulosa, emite menos CO2 y consume menos agua que la producción de vidrio y aluminio.  Sí, así es. Sin embargo, su impacto en la alteración de la fauna y la depreciación del medio ambiente es mucho mayor. Las tortugas comen bolsas de plástico y no botellas de vidrio, that’s the fact.



“Tenemos que evitar que siga desperdiciándose el valor de los plásticos en el entorno natural”, señala Alicia Martín, directora general de la región Ibérica de PlasticsEurope, uno de los principales partners de Equiplast. “El sector plástico es plenamente consciente de sus desafíos medioambientales a los que debe responder. Sabemos que aun poniendo sobre la mesa todas las ventajas que ofrecen los plásticos, están siendo discriminados por una gestión inadecuada de sus residuos”. De hecho, los vertederos contienen aproximadamente el 40% de los residuos del mundo. En España, este dato supera el 53% de los desechos.

34% de los residuos globales se reciclan

Según los últimos datos del INE, más de un 34% de los residuos globales se reciclan. Casi el 12% de los recursos producidos son incinerados.  “Vivimos en un momento desafiante. Los retos que tenemos nosotros, ya sea como industria o como sociedad, son de dimensión global, como la emergencia climática o la problemática de las basuras marinas”. Lejos de conseguirlo, desde las industrias del sector se han creado iniciativas como The Global Plastic Alliance para encontrar soluciones a fin de proteger el medio ambiente.

Barcelona, el eje del mal Mediterráneo

En 2019, Barcelona se convirtió en el eje del mal Mediterráneo. Nuestra costa producía una acumulación diaria de 26,10 kg de plástico por kilómetro de costa según la organización WWF. Un dato muy por encima de Tel Aviv (21 kg) o Marsella (9,40 kg). Ese mismo año, la Comunidad Europea adoptó medidas para la reducción de residuos en los vertederos. Es el caso de la ley que prohíbe la producción de plásticos de un solo uso y que debe aplicarse a partir de este 2021. Una medida que para Roegle debería plantear un debate más profundo y reposado. “La opinión pública tiende a pensar en las bolsas de plástico o las pajitas para beber cuando hablamos de los plásticos de un solo uso. Pero no es así”. Ejemplo de ello son las mascarillas, guantes o equipos de protección personal usados diariamente en la lucha a contrarreloj del coronavirus. Sin embargo, Roegle, señala que “teniendo en cuenta todos los envases plásticos (domésticos, comerciales e industriales), en 2018 España ya ha alcanzado una tasa de reciclado del 50,7% superando el objetivo marcado por la Unión Europea del 50% en 2025”.

El reciclaje: demasiado complejo y difícil

En 2019 la ONU también promovió la declaración en la que 200 países se comprometieran a reducir el uso del plástico hasta 2030. Dichas medidas junto con las políticas fiscales que penalizan los depósitos en los vertederos ponen en marcha proyectos que contribuyen a la circularidad de los plásticos, la inversión en I+D así como la digitalización del sector, ya que, tal y como asegura Martín, “la industria de los plásticos lleva la innovación en su ADN y es capaz de desarrollar nuevas soluciones a los retos que se le presentan. Por ejemplo, el reciclaje químico”. Este proceso consiste en “cambiar la estructura del residuo plástico, convirtiéndolo en moléculas que se pueden utilizar para nuevas reacciones químicas”, apunta Roegle. Cada vez más se habla de los plásticos biodegradables, aquellos que están fabricados con materias primas renovables, como trigo, maíz o maicena. Si bien es cierto que unos pañales manufacturados con plástico convencional tardan alrededor de 350 años en degradarse, los fabricados con plástico biodegradable de 3 a 6 años. Pero las condiciones específicas de ambas técnicas tanto en el proceso de producción como en el reciclaje son demasiado complejas y difíciles de aplicar a gran escala.

No es de extrañar que, ante la aparente incapacidad humana para frenar el cambio climático se nos quite la “fe” de que el reciclaje debe ser nuestro peregrinaje. Por su parte, tal y como aseguran los expertos, la industria debe seguir apoyando la economía circular y sobre todo, respetar la jerarquía de los residuos en la producción de los materiales. “Apoyar las decisiones y medidas ambientales. No caben acciones unilaterales. El espíritu de colaboración entre los gobiernos, las empresas, las oenegés y los ciudadanos es la única fórmula para afrontar desafíos globales de sostenibilidad”.

Y respondiendo a qué decir ante la demonización del plástico, ambos confiesan que no hay más que la educación, la información, el reciclaje, el consumo responsable y las 3R como seis principios a los que seguir ciñéndose y aplicar a diario. Porque, si algo está claro, es que las “basuras no llegan solas al mar. El uso y el abuso del material dependen de uno mismo”, concluyen.