Hacemos un Zoom (que ahora es lo más) con Amarna Miller para saber qué hay detrás de su nuevo libro: Vírgenes, Esposas, Amantes y Putas.

Una obra que nace con la intención de solucionar el rompecabezas que significa ser mujer en el mundo contemporáneo. Muchxs seguro que ya la conocéis: es activista, ex actriz porno y licenciada en Bellas Artes. Con este libro recorre muchas de sus experiencias vitales y hace un llamamiento a deshacernos de las etiquetas externas atribuidas a las mujeres. Mejor construirlas nosotras. De adentro hacia fuera.

¿Por qué Vírgenes, Esposas, Amantes y Putas?

La identidad femenina se ha visto construida durante muchísimo tiempo a través de la mirada ajena y no de la nuestra. Hemos sido las vírgenes prudentes que tenían miedo de que descubrieran su inocencia. Hemos sido amantes pasionales, esposas, cuidadoras. Unos apelativos y etiquetas que, creo, han limitado y construido nuestra identidad basándose en lo que los otros esperaban de nosotras. Y no hay nada de malo en ser virgen ni en ser esposa ni en ser puta, pero tenemos que construirlo basándonos en nuestra propia mirada y experiencia.



Partes de tu experiencia, pero las anécdotas plasmadas en el libro son también transversales en la vida de otras mujeres.

Sí, totalmente. Es un libro que está pensado para incitar a la reflexión y orientado a esas personas que quieren cuestionar la construcción de su identidad. El primer capítulo me parece clave: miedo, culpa y soledad porque son las tres aristas de un triángulo que afecta a la vida de todas nosotras y muchas mujeres se pueden sentir identificadas con ello. La primera parte del libro son las vivencias y los sentimientos que tenemos hacia nosotras mismas. La segunda parte son las experiencias con nuestro entorno, y la última es la interacción que tenemos con el sexo.

El sexo está muy condicionado por el porno, algo que tú has conocido de primera mano. ¿Hablas de ello y reivindicas una pornografía feminista?

En el libro hay dos capítulos relacionados con el trabajo sexual; uno sobre el trabajo sexual de una manera más amplia y el otro sobre la pornografía. Y justamente en estos dos capítulos no hablo desde mi experiencia personal porque creo que ya lo he hecho durante muchísimos años en mi discurso público. En el libro intentaba hacer justo lo contrario y plantear un marco un poquito más teórico basado en datos y en cuestiones menos prácticas.

Parece paradójico que precisamente en ese aspecto con conocimiento de causa tomes distancia y pongas el prisma en lo teórico.

Hablo de algunas situaciones anecdóticas, pero yo creo que tiene mucho sentido, porque cuando se habla de temas polémicos – y el trabajo sexual lo es- siempre se busca el sensacionalismo. Durante todos estos años es lo que más me han preguntado y realmente creo que existe toda una reflexión muy interesante desde una perspectiva feminista que hacer alrededor del trabajo sexual.

Esta perspectiva intuyo que se vincula con la pornografía feminista, ¿de qué manera podría cambiar nuestra educación sexual?

Hablo de educación sexual y de pornografía pero sin vincularlo. Pienso que debemos plantearnos esta pregunta en el sentido contrario y es muy peligroso planteárnoslo del porno hacia nosotros y no de nosotros hacia el porno, porque lamentablemente la pornografía ahora mismo es un educador sexual. Y esto es un error. Yo no quiero preguntarme qué es lo que puedo aprender del porno, sino que quiero llegar ya educada sobre sexualidad y comprender qué cosas del porno son ficción y cuáles no. Como no existe la suficiente educación sexual de puertas para adentro, cuando consumimos pornografía no entendemos qué cuestiones están hechas por profesionales que son como dobles de cine, y qué cosas son asequibles en una relación sexual del día a día en tu casa.

Por lo que respecta a las relaciones sexuales hablas de la cantidad de orgasmos fingidos reconocidos por muchas mujeres.

Cierto, el porcentaje de mujeres que fingen orgasmos es una absoluta locura… Cómo las mujeres supeditamos nuestro propio deseo y nuestro placer al de nuestro compañerx es como si nuestro orgasmo quedara siempre en un segundo lugar a favor de que la otra persona disfrute. Es el miedo a no complacer al otro y hay una doble culpa. No solamente la culpa de no correrte, sino también la de decirle a la otra persona que no lo está haciendo bien o que no estás disfrutándolo, o que por X motivo no te vas a correr. Ahí se construye un círculo vicioso espectacular donde entran en juego muchas cosas, incluyendo nuestra propia autoestima.

Vinculado a nuestra autoestima está la autoimagen, y hablas de tu relación con el maquillaje y la moda.

Sí, y creo que mi vivencia con ello no ha sido lineal. Ha sido orgánica y se ha moldeado durante los años. Cuando descubrí el feminismo, empecé a tomarlo como una herramienta para replantearme mi identidad y cómo la construía. Analicé por qué tomaba ciertas decisiones y no otras. ¿Por qué me depilo o por qué me hago las uñas? O esta necesidad constante de buscar una pseudo aprobación externa, cosa que no veo en los hombres de mi entorno. ¿Por qué me fijo tanto en si tengo buena cara, si tengo ojeras, o si tengo las cejas bien depiladas? Con el paso del tiempo veo que en un momento de mi vida me gusta y me divierte hacerme las uñas, jugar con el maquillaje y ya no lo veo como una expresión de intentar agradar a nadie, sino como una expresión artística a la hora de sacar mi personalidad o mi identidad. Pero por ejemplo no me siento cómoda con la depilación, es algo de lo que he renegado porque me cansa.

Cada una se va deshaciendo de estas imposiciones con las que no se siente cómoda.

Yo entiendo la feminidad como una performance, pero no puede ser una performance impuesta, porque entonces es horrible jugar al juego, ¿sabes? Quiero elegir cómo me presento y quizás coincida con maneras hegemónicas, pero no es más ni menos feminista ir depilada, hacerte la cirugía estética, maquillarte o teñirte o hacerte las uñas. Lo importante es hacerlo porque tú realmente quieres, porque hayas reflexionado y llegado a la conclusión de que va contigo y va con tu vida. El problema es cuando lo haces por inercia pensando que no existe otra opción o porque crees que si no cumples ciertos cánones vas a ser rechazada.