Precaria lo serás tú

Ya llegó el mes del fum fum fum y tal. Este año, no sé por qué, lo de las luces y las melodías ñoñas del Cutre Inglés me pone de buen humor. El otro día incluso fui a hacer la compra al “Mercadona, Mercadona” (que por cierto, no me digáis que no se han currado el jingle más exitoso en lo que llevamos de siglo) y me dio un subidón con el hilo musical de villancicos que no veas. Para ser sincera, los ataques de espontáneo alborozo no son tan extraños en mí pero, por lo general, al acercarse las fechas navideñas siempre he tendido más a la irritabilidad. Así que me he sorprendido gratamente a mí misma por haber conseguido un estado mental que anhelaba desde hacía tiempo: el de que me la sude todo y, además, aparentarlo con gracia chulesca. Algo así como decir: “¡Iros a la mierda tú, tu madre y su peluquera! ¡Mirad qué hijadeputa soy!”, y acto seguido echarme una carcajada gingival de esas de ceja alzada, a lo Pepe Rubianes, e invitar a una ronda de cañas a todo el bar.
 
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Que no sepa exactamente a qué corresponde mi actual estado de júblio zen, no quiere decir que no sospeche la causa que lo ha desencadenado: estoy casi segura que es por exasperación.
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No sé si será una fase de negación or something like that, pero me apetece. Y es que, que no sepa exactamente a qué corresponde mi actual estado de júbilo zen, no quiere decir que no sospeche la causa que lo ha desencadenado: estoy casi segura que es por exasperación.

 

Eso, o una infección en el cerebro; pero no seamos cenizos, de momento lo dejamos en la exasperación. Agotamiento puro y duro ante todo este frikismo socio-económico de nuestros días: la puta c***** (os respeto demasiado como para largaros la palabra de moda una vez más), el tándem Merkozy o los tijeretazos a diestro y siniestro orquestados por unos gobernantes a los que, mira tú por dónde, les van las circunstancias que ni pintadas al óleo para aplicar sus políticas neoliberales. Hasta los cojones me tienen; a mí, a ti y a cualquiera que se precie, vamos.

 

Que sí, que sí: que está todo fatal, ya lo hemos pillado. ¿Hace falta repetirlo every-day since 2008? Mi abuela pasó mucha hambre y miseria durante la post-guerra, y su lema siempre ha sido “hay que mirar más pa’trás que pa’lante”. No ha habido ni un día que no temiera perderlo todo, puesto que sabía exactamente lo que es no tener NADA. Me da mucha penita que ese miedo la haya acompañado toda su vida, un miedo que, prácticamente, le ha impedido disfrutar de lo que sí ha tenido. O sea que, al fin y al cabo, siempre ha sido persona hambrienta y pobre, aún con sus cantidades industriales de potaje, su casita adosada en el pueblo, su huerta en el monte y sus ahorrillos en el banco. ¿Que se lo ha currado para tener todo eso? Pues claro, los terrenos no los regalan en la tómbola, ni ahora ni antes. Pues ya está hombre, a currárselo y punto. “Es que no nos dejan currar, no hay trabajo”. Yo misma he sufrido mi año y medio de paro, quejándome a mansalva, arrastrando mi alma en pena con la carpetita de currículums para arriba y para abajo, sintiéndome la persona más precaria del universo. Pero, de hecho, después de arrastrar mi culo todo el día, o me iba de cañas y lamentos con mis colegas paradas o me iba a lamentarme a mi piso alquilado, refugiándome al calor de comodidades prescindibles que no correspondían a tanto gimoteo. Ducha caliente, pasar el rato en Internet, sofá y mantita, camita y libro… Oh, ¡qué vida más precaria! No podía ir a la pelu dos meses seguidos ni comprar fuera de las rebajas, ni irme a Berlín a pasar un fin de semana. Oh, qué precaria.
 
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Ducha caliente, pasar el rato en Internet, sofá y mantita, camita y libro… Oh, ¡qué vida más precaria! No podía ir a la pelu dos meses seguidos ni comprar fuera de las rebajas, ni irme a Berlín a pasar un fin de semana. Oh, qué precaria.
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Ahora, aunque afortunadamente tengo trabajo (de hecho, dos trabajos) sigo (o seguía, que como os digo, he alcanzado lo del júbilo zen) con la mentalidad precaria del parado, del impotente. Ni voy dos meses seguidos a la peluquería, ni compro fuera de las rebajas. Y aún no he pasado un fin de semana en Berlín. Y eso es lo que me ha conducido a la exasperación, my friends, el darme cuenta que, como a mi abuela le ha pasado con la mentalidad de pobre, la precariedad había empezado a formar parte de mi ser. Siempre temiendo perderlo todo, aun sin saber lo que es no tener nada. Pues me niego a ser esa señora que llora lo que le falta sin disfrutar de lo que tiene. ¡A la mierda los lloriqueos y la mentalidad precaria! Yo, más que vivir a lo grande, quiero PENSAR a lo barroco bestial. Y lo demás, irá sucediendo. Como decía mi querida Santa Teresa de Jesús:

Nada te turbe,
Nada te espante,
Todo se pasa,
Dios no se muda.

La paciencia
Todo lo alcanza;
Quien a Dios tiene
Nada le falta: Sólo Dios basta.
Eleva el pensamiento,
Al cielo sube,
Por nada te acongojes,
Nada te turbe.

Donde dice Dios, sustituid por imaginación. Y ya veréis; con un poco de suerte, el ataque de júbilo zen está asegurado.

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6 Comments

  • Hola Judith, me declaro fan tuyo,me has hecho reir, pensar y prometerme a mi mismo el esfuerzo de relativizar. Y aunque gracias a ti me he dado cuenta que mola ser precario, hoy grito: ¡¡Precarios ellos!!

  • Porque la vida no se detenga ante el fracaso
    Porque no haya remordimientos al mirar atrás
    Porque nuestros regalos no lleven lazos
    Y nuestros ojos deseen ver la verdad.

    Porque se cumpla la frase típica de las misses
    Y me refiero a esas de “paz y un mundo mejor”
    Y celebremos que ya no nos persiguen los Grises
    Ahora lo hacen los mossos d’esquadra que “és molt millor…”

    Y derrochemos ya que es gratis, simpatía
    Y que mi bolsa de avaricia esté vacía.
    Que la impaciencia nos deje al fin tranquilos
    Y que halle fin la corrupción en todos los sentidos

    Porque seamos los monarcas de nuestras casas
    y nadie pueda ser monarca en la de los demás
    y que se olviden de esa manía obsesiva
    de complicarnos la vida
    a los que queremos fumar.
    Que si es triste quitarnos nosotros la vida,
    más triste es tener vida larga
    sin tener libertad.

    Y derrochemos ya que es gratis, simpatía
    Y que mi bolsa de avaricia esté vacía.
    Que la impaciencia nos deje al fin tranquilos
    Y que halle fin la corrupción en todos los sentidos.
    (POR UN MOMENTO TU ARTICULO ME RECORDO NUESTRA CANCION JAJJAJA, SOMOS “INCAUTOS”, SI LA QUIERES ESCUCHAR ESTAMOS EN “INCAUTOSMUSIC.COM”, AAANIMO!! QUE SON CUATRO DIAS… MUY LARGOS… PERO CUATRO :D

  • Que no hay crisis ni precariedad? Por favor, si aún no puedo tener el último android de Nokia.
    Ya sé que aquí no se llega a fin de mes mientras que millones de personas intentan llegar al fin de día, pero se nos hacen poco soportable prescindir de ciertas cosas.
    Mi abuela me hacía comer la grasa del jamón porque era pecado desperdiciarla. Ella sabía lo que era la crisis que pasó en la guerra.
    Que suerte tener jamón!!! y agua potable, y calefacción, y gas, y médicos, y pantallas táctiles y adsl, y paro y………….

  • Lo que nos hace falta es un poco de alegría y optimismo. Dejémonos de quejas y sigamos a delante con buen humor. Como dicen los NG de La Banda:
    Oye despojate,
    quitato lo malo,
    échalo para atras,
    limpiate mi hermano. (Ai Dios, dale Feliciano!)
    Despojate,
    quitate lo malo,
    échalo pa’tras,
    limpiate, mi hermano.

  • Este año yo voy mirando las luces en los edificios, generalmente hoteles de 5 estrellas y recuerdo aquel hombre calvo del anuncio de loteria. ¿O era de la Once? Qué pácifica es la guerra navideña en los escaparates mediáticos y de grandes o pequeños almacecenes…

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