Crecimos escuchando que no había trabajo, que la crisis económica no había dejado futuro a los jóvenes. Salimos a la calle como torbellinos buscando una primera, segunda o tercera oportunidad con la que demostrar que somos válidos, que merecemos un empleo con el que ganarnos la vida. Encontramos trabajo, pero no imaginábamos que este venía con una compañera de la que poco nos habían hablado: la precariedad.

No paramos de ver en las noticias que sube el desempleo, que cada vez hay más contratos de corta duración, que según el Instituto Nacional de Estadística (INE), la tasa de paro en el segundo trimestre de 2019 entre jóvenes de entre 20 y 24 años es del 30,2%; una infinidad de datos que solo nos recuerdan que difícilmente podemos trabajar de lo que nos gusta o en aquello que nos hemos formado.

Pero no hay cifras que reflejen la precariedad con la que convivimos los jóvenes a lo largo de nuestra vida laboral. Horas extra sin remunerar, largos procesos de selección que nos hacen perder el tiempo o trabajos sin contrato que, de algún modo, aguantamos a base de recordarnos que “hay tantas personas que les gustaría tener un empleo así…” o “es lo que hay, ya sabes cómo están las cosas…”.

Hay momentos en los que solo tenemos ganas de tirarnos sobre el sofá a mirar telebasura, encerrarnos en nuestro cuarto para que la ansiedad nos coma por dentro o cerrar los bares los fines de semana con la meta de olvidar que eso llamado “trabajo” no es como nos prometieron. Muchos estamos a años luz de tener un empleo de 10 años, un salario de más de 1.200 €, una casa con jardín y columpios, dos hijos con nuestros ojos y un perro. En algún momento u otro de nuestra vida laboral, muchos de nosotros nos hemos dado cuenta de que el sueño americano ya no existe (si es que alguna vez existió).

¿Lograremos sobrevivir a la búsqueda de un empleo digno?

Falsos autónomos

“No tenemos tiempo de sentir ni pensar porque siempre estamos en lucha para conseguir dinero, pagar el alquiler, comprar el bono bus…”

En el actual imaginario colectivo yo soy una de las afortunadas. Después de terminar el grado en Periodismo en 2014, he tenido la suert