Ahora que la salud mental ha saltado a la palestra de los medios de comunicación y las redes sociales a causa de los estragos que está provocando esta dichosa pandemia, me he puesto a investigar sobre otras formas de tratarla: las drogas psicodélicas.

Estas investigaciones, por novedosas, ¿están aplicando una mirada feminista en sus estudios ya que el 85% de los psicofármacos que se suministran en España van destinados a mujeres, ante un 15% que se vende a hombres?

Diferentes estudios demuestran que el potencial curativo de las plantas psicodélicas no es un invento hippie. Sino que, efectivamente, los efectos de algunas sustancias psicodélicas son beneficiosos para la salud mental de las personas que las consumen. El LSD y la psilocibina (presente en algunos hongos) pueden tratar problemas como la depresión, la anorexia o la adicción.

Para saber más, hablo con José Carlos Bouso, director científico de ICEERS (International Center for Ethnobotanical Education, Research and Service), una fundación con sede en Barcelona que pretende “transformar las relaciones que las sociedades occidentales tienen con las plantas psicoactivas”.



Bouso me explica que el interés de ICEERS no está tanto en las plantas en sí, sino más bien en el sistema médico tradicional, donde se incluyen algunas de estas plantas psicodélicas: “Entendemos que desde una perspectiva no colonialista y activista, estos sistemas médicos tienen mucho que aportar, sobre todo en salud mental”.

Un trabajo presentado recientemente por esta fundación en la Ciudad Condal, que analiza los efectos de la ayahuasca en consumidores habituales, constata que la salud de los encuestados está por encima de la media española; y además, la mitad de la muestra confesó haber dejado de tomar psicofármacos a raíz de consumir esta planta sagrada.

Hay una tradición de más de treinta años de presencia de ayahuasca en España, y Cataluña fue pionera cuando esta planta salió de la Amazonia. Por eso, en general, las personas que realizan ceremonias aquí saben muy bien lo que hacen, explica el doctor. E insiste: “lo que está funcionando es el sistema médico, no la sustancia”. Es decir, la forma de entender la medicina desde un punto de vista cultural: “Lo que falla, sobre todo en salud mental, no son los medicamentos, sino el sistema médico insertado en el sistema social que tenemos”. Estamos ante una crisis de psicofármacos en Occidente, ya que éstos no tienen “ni la eficacia ni la seguridad total que se espera de ellos”.

Este dato me recuerda a la sobremedicalización a la que las mujeres estamos expuestas en salud mental y de la que habla Carme Valls Llobet, doctora experta en endocrinología. Es decir, cualquier cosa en nosotras se patologiza con una facilidad tremenda. “En la primera consulta, a las mujeres, ya les recetan ansiolíticos y antidepresivos sin entender las causas de lo que les pasa”.

“El 85% de los psicofármacos que se suministran en España van destinados a mujeres, ante un 15% que se vende a hombres”.

En su libro Mujeres invisibles para la medicina, Valls hace referencia también a la exagerada administración de psicofármacos en mujeres. Cuenta que el 85% de los psicofármacos que se suministran en España van destinados a mujeres, ante un 15% que se vende a hombres. Esto se da porque es más probable que una mujer salga de una primera visita con un diagnóstico de depresión o ansiedad que un hombre. A nosotras enseguida: pastillita y a casa. A esto Carme Valls lo llama violencia psiquiátrica. Y sí, el patriarcado.

“No es que las mujeres tengan más problemas de salud, sino que esto está indicando la carga social que tienen que asumir”.

Que las pastillas para la ansiedad o para dormir sean la tercera droga más utilizada en la población general después del alcohol o el tabaco es, como explica Bouso, “un indicador importante de que algo está pasando en esta sociedad. Y si vamos a la población femenina, no es que las mujeres tengan más problemas de salud, sino que esto está indicando la carga social que tienen que asumir”.

En este sentido, Valls dice: “En los diagnósticos, nos topamos con estereotipos sexistas cuando las enfermedades del sexo femenino se asocian a la salud mental; diagnostican como psicológico lo que es biológico o estrés social.”

La medicina convencional se sostiene sobre un patrón androcéntrico, quiero decir, es un varón blanco el representante de la especie humana, y de ahí la invisibilización femenina en los estudios clínicos. Citando a Valls: “la ciencia médica extrapola los remedios farmacéuticos destinados al género masculino al femenino”. Y tan anchos.

En cambio, la medicina psicodélica tiene su origen en culturas tradicionales, milenarias, que son más colectivas. En la mayoría de ellas, la salud se entiende como una alineación entre la persona, su núcleo social y su entorno; y no como una patología única del individuo que tiene que tratarse de forma aislada. La salud mental se percibe como parte de un todo.

Preocupada por la administración exagerada de psicofármacos en nuestro sistema de salud mental y cómo esto afecta sobre todo a las mujeres, quiero averiguar si en estas investigaciones con drogas psicodélicas se están teniendo en cuenta las diferencias hombre/mujer. “Hasta hace treinta años apenas se incluía a las mujeres en los ensayos clínicos”, dice Bouso, “ahora la legislación es muy clara al respecto y se exige un porcentaje mínimo de representación femenina, que está entre un 20% o un 30%”. (He aquí un ejemplo de discriminación positiva, ¿gracias?)

Aquí en Cataluña hay una empresa, Compass, que realiza ensayos clínicos con psilocibina como tratamiento de la depresión mayor en pacientes resistentes a la medicación. Actualmente hay dos centros en Barcelona trabajando en esta línea: el Hospital del Mar y el Parc Sanitari Sant Joan de Déu. De momento, la psilocibina no forma parte de los programas terapéuticos, sino que son ensayos clínicos para evaluar la seguridad y la eficacia de la terapia con este psicodélico, que ha demostrado reducir significativamente los síntomas depresivos. Se trata de tratamientos puntuales, y siempre con acompañamiento psicoterapéutico.

Se intuye que la tendencia de nuestro sistema médico va a ser la de abrir la puerta cada vez más a las sustancias psicoactivas para tratar la salud mental (y esto bien hecho puede ser muy guay). Progresivamente también las mujeres vamos saliendo a la vida, cual setas en otoño, y vamos teniendo voz en todos los aspectos de la realidad, incluidas la ciencia y la medicina. De hecho, y aunque todavía son pocas, hay muchas mujeres arrancando estudios sobre drogas psicodélicas que van a ayudar a cambiar la mirada. Entre otras: Ann Shulgin, Mónica Williams, Natalie Ginsber…¡Estaremos antentxs!