Descripción del proyecto

Relato: Núria Arnal • Ilustración: Andrea Lacuesta

Soliloquio

– Aquí estamos bien. (Quiero autoconvencerme). 

-O quizás aquí no. No, aquí no es. 

-¿Dónde estábamos cuando estábamos bien?

-Como no gusta repetir varias veces esa frase en inglés: Where were we when we were well, where were we when we were well, where were we when we were well, where were we when we were well

-Quizás de tanto repetirlo lleguemos a encontrar la respuesta, el lugar. O quizás es demasiado tarde. 

Es impresionante ver como luchan dos situaciones contradictorias, pero más impresionante, y quién sabe si tiene algo de humillante, es vivir en primera persona, dentro de una misma, todas esas luchas de constantes contradicciones.

Quizás el miedo a no alcanzar aquello que tanto deseas es lo que impide vivir sin una respiración pausada y calmada. Así que dejaremos de lado los posibles asuntos delicados que nos condicionan a ser aquello que realmente no queremos ser, aquellas situaciones que nos condicionan a no dejar que el viento se adentre en nosotros para avivarnos. Y sientes esperanza, porque ves inputs que nos manda nuestro entorno de: “todo irá bien”.
Todos queremos creer que tendremos esa suerte, llegar al lugar donde nos sentimos bien; donde sabes que al vivir allí, aunque sea un instante, serías feliz; y en ese instante, aquel lugar se paraliza delante de ti. A unos pocos centímetros de tu piel, la piel que contiene toda la explosión de sensaciones.

Pero tan solo estoy rígida, no puedo moverme. Entonces veo una pequeña luz, una diminuta luz.  Y seguido, todo parece oscuro en mi mirada, una mirada eternamente profunda, donde todo parece carcomido por algo áspero, frío, y pienso que quizás es demasiado tarde. Pero hemos visto aquella luz, existe, vive; pero que se está escondiendo y no soy capaz de encontrarla.

-Con puntos o sin puntos débiles, sólidamente construida, no ha de dar lugar a interpretaciones erróneas. Hemos llegado hasta aquí para llegar a ser. Puede decirse que son las circunstancias las que nos movilizan a crear muros delante nuestro para obligarnos a volver al punto de partida, allí donde no sentíamos ningún tipo de amenaza. 

-Cómo te endureces cuando sientes miedo. 

-Dijimos que no nos alejaríamos. Acordamos mantenernos allí, a salvo. Forzaremos el ridículo pacto de permanecer detrás del esta coraza creyendo que estamos protegidas.

Veo esa coraza que empieza a cubrir todo nuestro ser, veo que la coraza hiela nuestro exterior. Intento acercar mi mano solo para tocar, pura curiosidad al hecho de sentir; pero no me dejo, obligo a alejar la mano y me digo que el hielo va a quemar mi supuesta frágil piel y quizás dañe el interior.
Pero qué sabe ella de la piel que habito, y mucho menos, qué sabe ella de lo que esa piel contiene y que grado de importancia puede tener para mi; porque al fin y al cabo no dejamos de ser cuerpos, algo únicamente físico, que busca un lugar donde estar bien. Y me repito:

-Cómo te endureces cuando sientes miedo. 

-Dijimos que no nos alejaríamos. Acordamos mantenernos allí, a salvo. Allí no hay nada que pueda congelarnos, que pueda hacernos daño. Volvamos. 

Ojalá pudiera arder en ese ocaso que vemos a lo lejos.

Arder en ese sol que desaparece. Y yo, desaparecería con él. Entonces: 

Una parte de ti se carcome demasiado rápido para por la rabia. 

Otra parte de ti se carcome demasiado rápido por la impotencia. 

Otra parte de tu se carcome demasiado rápido por la tristeza. 

Todo por no saber si quiero seguir, si quiero volver, si quiero estar quieta.
Lo único en lo que estamos de acuerdo es en que nos gusta repetirnos la pregunta: Where were we when we were well.

Y así, poco a poco, pierde. Y su rigidez gana. 

Y no quieres llorar. No llores. Pero casi que es inevitable, porque sabes que está ahí. Pero lo has perdido. Has perdido. Simplemente se ha desvanecido sin que te dieras cuenta, sin que tuvieras oportunidad de,  de hacer, de hacer aquello que más deseas. Aunque a veces pienso y quiero creer que no llegaremos nunca a aquel lugar donde estábamos bien, no recordamos nada de él. Tan solo la sensación de calor dentro de mi, y cuando pienso en esto y el ese calor, dejo de llorar; es como si me reiniciara. 

Una tercera voz toma protagonismo: Oigo la voz mecanizada que me informa sobre la llegada a Barcelona.
Y tan solo se que he vuelto o que he llegado, igual o más vacía y que empiezo a estar cansada de oírme y discutir conmigo misma. Ojalá al subir al tren pudiera escuchar tan solo su traqueteo, ya que los viajes en tren me producen soliloquios (y lo digo como si fuera una enfermedad catalogada, pero no es así). 

SOLILOQUIO.

Del latín soliloquium.

1.m. Reflexión interior o en voz alta y a solas. 

-¿Estamos de acuerdo?

-Estamos de acuerdo: Aquí no estamos bien, cojamos el siguiente tren e intentemos dormir hasta la próxima parada. ¿Sabes que el otro dia soñé contigo? Seguro que tu conmigo también soñaste. 

-Cierto, pero cállate y duerme. 

-Ojalá lleguemos pronto allí dónde estábamos cuando estábamos bien. ¿O deberíamos quedarnos aquí y construir una fortaleza?

Y vuelvo a un ridículo soliloquio.