Descripción del proyecto

Relato: Berta Conesa • Ilustración: Alicia Raya

¿Blanca o negra? Qué más da…

Muchas de las grandes historias empiezan con un gran fenómeno meteorológico, esta no. En esta, el cielo tiene un gris mortecino con el sol asomando entre las nubes. Muy apático todo, sin personalidad, no se sabe bien qué tiempo hace. Esta historia sucede sobre un campo, un campo que en otros tiempos fue de vegetación frondosa, pero que ahora empieza a clarear. 

En este relato, dos ovejas  cualesquiera, de rediles distintos pero vecinas de siempre, se encuentran  corriendo como nunca en su vida. Una es del color de la noche cerrada, de lana tan espesa que no se puede distinguir un pelo de otro, la otra es blanca como la nieve, de lana tan esponjosa que si fuera rosa te vendría antojo de algodón de azúcar.

Si guardas silencio, y pese que estés leyendo esta historia en papel, afinando el oído,  puedes oír el resuello al unísono de dos ovejas que no están acostumbradas a correr. Pero ahí están, corriendo, sin rechistar… Y es que cuando una  corre por su vida, no se puede andar con remilgos… 

Pues bien, esta carrera vertiginosa contrarreloj, se ve  interrumpida abruptamente, provocando una frenada en seco por parte de las corredoras: En medio del campo hay una cerca, de esas inoportunas, con sus tablones de madera maciza, indestructible. No es ni muy alta ni muy baja, pero lo bastante engorrosa para que una oveja fondona no la pueda superar de un salto.

Las ovejas balan enfurecidas, chocan sus pezuñas contra el suelo y dan vueltas sobre sí mismas, intentando ver si hay otra salida. Pero no, la valla cruza todo el campo y llega  hasta más allá de donde alcanza la vista de una oveja. 

¿Que pueden hacer?  Sin duda su única opción es superar la valla y seguir corriendo. La opción de quedarse dentro del campo no es muy halagüeña. 

_ ¡Ya esta! hagamos una cosa, ¡colaboremos!_ dice la oveja a la que llamaremos Dolly.

La otra oveja, al parecer más reservada, mira a  Dolly enarcando una ceja, o eso haría si las tuviera. 

_ Yo me aúpo en ti, y una vez arriba, te ayudo a subir, y así podemos cruzar la valla  tan felices _ dice Dolly, orgullosa  de sí misma por la fantástica idea que ha tenido. Pero… se le avecina un jarro de agua fría. 

_ ¿Y porque  no lo hacemos al revés? Tu me aúpas y yo te subo _  bala  la otra oveja, que nos ha salido suspicaz, a la que llamaremos Mery 

_ ¿Que mas da quien se aúpe en quien?_ responde Dolly, que por supuesto no quiere ser ella la que corra el riesgo a que la dejen tirada en lado erróneo de la valla.

_ Que no me fío de ti, seguro que cuando estés arriba te vas por patas… eso es de lo que tienen fama las de tu redil ¡de traidoras!

_ ¡¿Cómo?! ¿Y quien me dice a mí, que si te aúpo yo, no serás tú la que salga corriendo sin mirar atrás  y me dejes aquí…para…para  que se entretenga conmigo y tú puedas ganar más tiempo?_ Dolly se estremece al  imaginarse de qué modo pueden entretenerse con ella y enfadada añade:

 _ Y no se que burradas dices de las de mi redil, si todo el mundo sabe que las mentirosas son ¡las de la tuya!

_ ¿Pues ya me dirás qué hacemos? La cerca no se hará más pequeña, y una tiene que aupar a otra, y yo no pienso aupar a nadie… que seré oveja, pero no  tonta _ dice Mery entre balidos  indignados.

_ ¿Y lo tengo que hacer yo? ¿Cuando está claro que las de tu redil sois todas unas abusonas?

_ ¡¿Perdona?!¿A qué viene toda esa retahíla de prejuicios y estigmas gratuitamente impuestos? si tú nunca has visitado mi redil ¡ni tan siquiera sabes lo que pasa en él! 

_  No me hace falta estar en tu redil para saber lo que ocurre, he oído hablar a los granjeros sobre vosotras…

_ Los granjeros son unos bocazas, nos hacen quedar mal porque saben que sino todo el mundo querría nuestra lana…  en cambio la vuestra no la quiere nadie, todo el día andan quejándose de eso, solo hay que ver  lo ensortijada que esta… 

_ ¡Ah! O sea que si los granjeros hablan mal de vosotras es mentira, pero si lo hacen de nosotras, es todo verdad, pues para que lo sepas, nuestra lana  la quiere todo el mundo,  si no fuera por nuestra lana, ¡vuestros comederos estarían vacíos!

_ Psee… para lo que comemos, ya podríais estiraros un poco más ¿no crees?

_ Es culpa de los granjeros que no tengáis buena comida… i sinceramente, tampoco es una ambrosia la de nuestro redil…

¡REDIL! De pronto un silencio muy sonoro se apoderó de las dos ovejas, cuando  rememorando el redil, recordaron el motivo de su presencia fuera de él. 

Un miedo sordo se apoderó de ellas al caer de nuevo en la seriedad del peligro que las acechaba  y que habían olvidado momentáneamente, para embarcarse en una discusión absurda.

Mery hizo acopio de valor y de confianza, porque bien pensado si no se ayudaban entre ovejas ¿quien las ayudaría? y mirando a los ojos redondos y asustados de Dolly, dijo apremiante:

_ ¡Rápido! yo te aúpo y tu me ayudas. Confió en ti.

_ ¡No cordera!, te aúpo yo y tu me ayudas, déjame hacerlo por favor… 

_ ¡Lo hago yo, y no se hable más!

 Mery se puso en posición para que Dolly pudiera auparse en ella  y no replicara más. 

_ Está bien, nos vemos arriba…

Mientras Dolly  intentaba subirse a la grupa de su recién descubierta amiga, no pudo hacer más que soltar un balido nervioso.

_ ¡Por fin nos hemos puesto de acuerdo!

Pero la respuesta que percibió  no era  la de un meloso balido, sino un grave y congratulado aullido de soprano.

_¡¡¡ Auuuuuuuuuu!!!! DEMASIADO TARDE_ dijo la loba, que de hecho llevaba un buen rato observándolas, muy entretenida,  asombrada ante semejante negligencia ovina.

Como sigue la historia…mejor no contarlo, por si habéis empatizado con las ovejitas…