Descripción del proyecto

Relato: Mariona Rius  • Ilustración: Martí Garcés

Cómo presentarte a un concurso sin una idea

Esto empezaba un mal viernes. Me habían despedido el día anterior así que cuando recibí el email, me importó una mierda.

Lo leí en diagonal y se lo reenvié a mi compañero en plan a ver que hacemos ahora con esto, pero sinceramente mis ganas para proyectar estaban de viaje en una nube.

Estábamos en un momento jodido como para hacer algo como dios manda: Manifestaciones durante el día, barricadas por la noche… ¡Una locura! No había manera de que nos centráramos en algo que llevábamos siete días esperando.

Sábado. El tiempo corría muy rápido y nosotros pensábamos muy despacio. No veas la tensión que nos generaba eso. Como no nos concentrábamos, decidimos irnos de Barcelona para empezar a pensar de una vez por todas como gestionar el maldito email.

Que hacer joder, que demonios hacer… Nos fuimos de la ciudad para alejarnos de las distracciones y aquí solo hacíamos que crear de nuevas. Entrábamos en Netflix. Sólo un capítulo… ¡si claro! miradita entre los dos y sólo uno tras otro y cuando nos cansábamos de ver series, empezaban los torneos a la play.

Un desastre total vamos, no estaba yendo nada bien… ¿Porqué nos distraíamos tan fácilmente? En un abrir y cerrar de ojos ya era domingo. Nos levantamos tarde y el tiempo se nos echaba encima. De repente estábamos hablando sobre Einstein, que el dijo eso de que el tiempo es relativo y mientras nos perdíamos en nuestros discursos de fondo sonaba la banda sonora que nos acompañaba todo el rato: el tic-tac infernal de los relojes que por cierto, no eran pocos. Esos relojes no paraban de recordarme que el tiempo quizás era o no relativo, pero que avanzaba era igual de real que el hecho de seguir sin una idea. Me cabreo.

– ¡Podemos por favor sentarnos de una maldita vez y empezar a pensar como dios manda!

– Es verdad, que venimos aquí para eso…

Empezamos a hacer una lluvia de ideas que terminó siendo una lluvia de sinsentido. Todo nos parecía contenido basura que no servía ni para entretener a un mono. Y cuando ya pensaba que terminaríamos el fin de semana sin haber hecho nada, él decidió que intentáramos escribir lo que estábamos haciendo.

¿Sinceramente? yo no le veía ningún tipo de sentido a escribir lo que estábamos haciendo, pero parecía que en su cabeza todo encajaba a la perfección y ya que la idea le motivaba para empezar a dibujar… pues no sería yo quien dijera que no.

Cuando aún no había escrito ni dos líneas de esa supuesta brillante idea, se levantó y se fue. Escuché cómo cerraba de golpe la puerta de su habitación. Menudo equipo de mierda debíamos formar si ni siquiera éramos capaces de trabajar juntos en la misma sala… Así que seguí a mi bola intentando escribir algo que encajara con el dibujo que él había bocetado.

Tic-tac, tic-tac, tic-tac.

¡Estúpidos relojes! Acepto que quizás, en ese momento me parecía un poco al capitán Garfio si le añadíamos un extremo toque de TOC. Posiblemente era la única que le daba importancia al ruido del mecanismo, pero no podía evitar que me sacara de quicio.

Mientras esperaba que bajara la inspiración por arte de magia, me planteé seriamente utilizar el rellenar con texto automático de Indesign. Que mejor que un texto sin sentido para una idea sin sentido ¿verdad?

Ed eaque volupta eculloriaspe aut utem excessitio beatecae excerat asimagnat. Solorem evendem etum quid moluptatur modis explantur, conseque quuntus et venim

¡Basta! Necesitaba parar. Estaba entrando en un bucle de estupideces… No podía ser que fuera tan difícil, tampoco pedían una novela de tres tomos, solamente un relato corto. A veces, mis dramas de whatsapp con las amigas tenían mas caracteres de los que me hacían escribir para este.

Intenté dejar que todo fluyera y así fue como me iluminé y salió alguna que otra línea. Poco a poco el tiempo iba mas lento que yo: A cada tic, dos palabras. A cada tac, tres mas. Pero aún faltaba. ¿Lo que estaba escribiendo sería suficiente bueno? Además, estábamos trabajando por separado… ¿No era un concurso en equipo? ¿Estaríamos perdiendo el hilo de las pautas? ¿Tendrían sentido las dos partes juntas?… Como andaba mas que perdida decidí ir al dormitorio a echar un vistazo y ver si nuestro trabajo iba en paralelo. Menuda sorpresa me llevé, ¡estaba durmiendo el cabrón! Ni medio dibujo ni media idea, solo avioncitos y bolas de papel.

Entre el tic-tac del reloj, la cafeína del café y su falta de interés ¡estaba yo que me subía por las paredes!

Me quedé sin ganas de seguir con el proyecto. ¿Que sentido representaba que tenía? No solo trabajábamos separados sino que además ¡solo trabajaba yo! Así que en un ataque de histeria, le desperté y le grité que me parecía fenomenal que quisiera hacerlo de esa manera aunque fuera una mierda, pero que hiciéramos un trato: entregar mi maldito relato junto con su maldita ilustración a tiempo y que tuvieran un mínimo sentido.
Tampoco pedía tanto ¿verdad?

Así pasaban los días mientras seguía esperando la maldita ilustración para continuar con el relato para que  tuvieran algo de coherencia. No me pondría yo a escribir como una tonta para que al final el decidiera darle un giro inesperado o incluso ni siquiera llegar a entregar.

Jueves aún me preguntaba cuando conseguiríamos empezar en serio. Cada vez faltaba menos y que fueran publicando una cuenta atrás para el deadline no ayudaba.

¿De verdad era la única capaz de ver como se nos echaba el tiempo encima?

Viernes, sábadoNada.

Drama, estamos a domingo. A penas quedan sesenta minutos para la entrega cuando recibo un email a la bandeja de entrada con el asunto: Ilustracion_final_final-2.

¡Casi lloro! Después de dar mil evasivas, por fin tengo la ilustración.

La abro y me llevo las manos a la cabeza al ver una imagen que no tiene nada que ver con lo que habíamos planteado así que selecciono el indesign con el triste intento de relato que tengo y le doy a eliminar.

Menuda decepción.

Quedan 45 minutos para la entrega. ¿¡Que demonios escribo!? Nada, ya no hay tiempo. Le respondo al email, sin asunto. Lo único que le escribo: Demasiado tarde, Martí.