Descripción del proyecto

Relato: Aina Vilamajó • Ilustración: Marina Yúfera

No remuevas el pasado

Me despierto sintiéndome diferente, hoy será menos miércoles, antes de llegar al trabajo pasará algún incidente. No sé si por la calle, en un cruce o por el asfalto. Es un día rutinario como siempre, como cada miércoles tendré que llegar unos minutos antes que el jefe, con cafés del bar del frente, pero percibo un hecho elocuente.

Nos encontramos, 

es día lluvioso de esos grises 

dónde la cama es paraíso, 

de medianos de otoño. 

Llevas buscando el cruce 

de miradas 

des de que percibes mi presencia.

Te sales con la tuya, como solías,

¿señal para interactuar?

Y esperanzado te acercas:

-Recuerdas…?

Me dices tímidamente y sumo tono de culpabilidad, 

un poco intimidante.

Y yo decir solo puedo:

-Demasiado tarde.

Y me bajo en mi parada, 

te dejo con la palabra en la boca, 

cortante y distante 

como si ni conocidos fuéramos, 

te dejo como tú me dejaste 

con aquel beso fugaz.

Y no es venganza, es dignidad.

Perdura en mi mente, nuestro encuentro. Me niego a pensarte pero despertaste el pasado y a mí yo no deseado. Dos días y aún te presiento, empiezan a aflorar recuerdos y te noto por todo mi cuerpo. 

Me siento sucia, quiero lavarme, pero sé por experiencia que eso con una ducha, un baño… Ni con desinfectante se va. Como si hubiera vuelto a recaer.

Caer en el pozo, al negro fondo y sin salida, aquella que tanto anhelé y tanto costó encontrar paz; en mi interior, con cualquier chaval, con la vida en general. 

Joder que ya estaba todo acabado, tenia la tranquilidad instalada ya en mi hogar.

Impotente por un daño que no he hecho pero me siento igual culpable, ya tuve demasiado, porque demasiado me marcaste. 

Una carta inacabada, intento de escribirlo todo, de hacerlo físico y poder quemarlo, destruirlo todo, como si así pudiera olvidarlo todo, el pasado, el encuentro y sobre todo tú y el yo no querido.

Iré a una librería para perderme entre libros e historias de otros, desgracias, realidades imaginadas y paisajes creados, siempre sienta bien perderse entre polvo y papel. Me muevo entre estantes, parajes desconocidos, entre extraños leyendo en diagonal, escogiendo vidas para leer, mundos enteros de desconexión. Sin saber bien dónde estoy, siento confort, leo en el estante superior “Poesía internacional”, me entra curiosidad y empiezo a leer títulos, autores, logotipos de editoriales. 

Cojo uno, lo dejo, no me convence la contraportada, el segundo y así con cinco más y, cojo los dos siguientes y me gustan pero no llenan. En el estante inferior, un libro que no está en su sitio “Forugh Farrojzad”, por autora, es la poesía completa, me convence la portada, una chica con un cigarro mirando no muy feliz al blanco fondo. Decido comprarlo, solo por el aspecto es arriesgado, lo sé, pero me convence, su título “Eterno anochecer”. 

Esperando para pagar lo hojeo, tiene títulos en árabe, miro el reverso “La  poeta y cineasta Iraní” cada vez me siento más conectada con el libro, “Cinco décadas después de su trágica muerte” como la mía, cuando todo empezó a torcerse, mi alma se consumía poco a poco, día a día; tú me la consumías como se consume un cigarrillo industrial al viento fumar.

Sigo leyendo, se pone interesante: “desafió los estereotipos femeninos” {…} “ferozmente honesta” {…}.

“Pip” código de barras leído. 

“Pip” pago con tarjeta realizado correctamente.

“Pu-pum” latido del corazón, he sentido una fina brisa de esperanza.

Quiero llegar a casa inmergirme y ser yo también testimonio de la mujer apasionada que vivió escasos treinta y dos años, vivir en el país lleno de contradicciones, ser el espíritu rebelde contra la sociedad ya que no lo puedo ser contra mis sentimientos ni ser valiente para enfrentarme directamente con ellos.

Manta, sofá, cojín a la derecha, gato a la izquierda, él también quiere el calor que desprende mi cuerpo y se queda en la manta. Todo esto con las ansias de empezar algo nuevo, voy tan acelerada que la introducción con una hora me la leo, quiero empezar a recitar poemas para mí y para Teo (el gato).

Cautiva cuarenta y dos poemas que nos duelen aún estas reciente, identificada más en algunos que otros me siento, pero hay dolor que comparto. Me recuerda y transporta en el pasado de hace cinco años, donde tarde me di cuenta, me habías como un pajarito domestico encerrado en una jaula en el balcón, que va cantando, va llorando y tu haces creer ufano.

Unos días después vino Muro, cohibida por ti en aquellos años me alejé de todos, mi mama me lo decía, este chico no te convendría pero yo me lo creía y en mi cabeza todos los buenos en malos se convertirían.

Tuve que dejar el libro, demasiado mío, demasiado dentro me había metido, demasiado martirio para tan corto período, me acechaba el pesar. Pero un día envalentonada empecé Rebeldía y gracias que se instauró en mí, me dio un pequeño vuelco de alegría pensar que todo otra vez cambiaría.

No pude parar, como un adicto a la heroína, me inyecté Otro nacimiento como un pinchazo por vía y el júbilo tan grande fue que marchó la sensiblería, uniéndose también el ascenso después de la era del casi despido en el trabajo, porque todo esfuerzo es merecido. Como el realizado al  empezar el cometido de expulsar el mal sentir de mí y tú, mezquino.

Por fin, todo sufrir quedo en vano, “Tengamos fe en el conocimiento de la estación de frío” me hizo ver que aún podría después del invierno volver a florecer y ser girasol y buscar la luz en mí, evitar hacer de mí una tragedia porque enloquecería y tú estarías viviendo sin remordimiento.

Ahora conmigo misma puedo pactar qué ni yo ni nadie más el pasado removerá.