Un mundo democrático sin injusticias ni problemas sociales. Esta es la imagen ideal del futuro de lxs Zoomers. Los valores del capitalismo y el sistema actual se cuestionan seriamente en un momento en el que la crisis ha dejado a la Z como la generación más vulnerable de la pandemia. El explosivo cóctel de confinamiento, estudios y adolescencia es indigesto para cualquiera, pero especialmente para ellxs.

Víctimas del ghosting, no conocen un mundo sin tecnología inteligente al ser esclavxs de sus propios aparatos. Con un eterno apetito por los likes y una cierta inclinación por stalkear cualquier nombre nuevo que suena. No conciben una conversación sin el LOL, el Crush, el Yas o el Trash.

Sin embargo, cuando se les pregunta por su sueño político tildan de truncado y utópico el planteamiento. “No se puede cambiar nada, está todo demasiado establecido”. En BCN Més hemos reunido a 5 zetas nacidxs entre el 1998 y el 2001 para preguntarles sobre el futuro en el que les gustaría vivir.



Menos educar en la teoría y más educar en lo emocional

Si hay un denominador común entre lxs nacidxs después de 1996 es precisamente este mood de realismo trágico, un estado de ánimo bipolar, ganas de comerse el mundo y abandonarlo a la vez. Juanmaricon, ilustrador digital, lo define como “inestabilidad sentimental, dependencia emocional por Internet y urgente necesidad de terapia”.

Son la generación sensible la que ha tenido que lidiar con situaciones difíciles e identificar sentimientos sin (todavía) nomenclatura; y por lo que aseguran, en la universidad no se les enseña a lidiar con esta inteligencia emocional. “No tiene ningún sentido estudiar a Platón en el mundo de hoy. La gente de ahora no puede pagarse el alquiler, ni los estudios, no puedes salir del armario, tiene disforia de género y esto Platón no lo cuenta. No nos enseñan a trabajar nuestra autoestima o a cuestionarnos las relaciones interpersonales”, comenta Alberto Blasco, estudiante de Humanidades, como Núria Sol, que añade: “¡Ostia! Y es que además Platón era pro-esclavo”.

Para Eva Miller, que está cursando el último año de Relaciones Institucionales, la educación debe girar entorno a la gestión emocional y transmitir, por ejemplo, que “errar no es negativo, sino que forma parte del aprendizaje”, y coincide con Juanmaricon al decir que se les debería preparar con conceptos menos elitistas y hacer más hincapié en teorías LGTB, feministas, ecologistas o raciales. “En definitiva, las luchas del futuro”.

Diversidad, igualdad e inclusión

La dificultad de encajar siendo diferentes ha hecho que tengan que luchar por encontrar su propio lugar y su propia identidad, con eso reclaman alejarse de los tabús arraigados a la sociedad y más políticas de igualdad e inclusión. “En mi casa ha habido cosas inamovibles como la familia, el binomio hombre-mujer, la heterosexualidad obligatoria, el tener que trabajar, etc.”, dice Alberto. De ahí a que a veces su reacción hacia sus padres sea la de simplemente: “OK Boomer”.

“Al final, se pone en duda tu existencia. Si no encajas dentro del molde CIS-hetereo es que no eres válido para la sociedad. Y este molde debería romperse”

En cuestión de género, lxs Zoomers son la generación menos “100% hetero” de la historia, siendo España, además, el segundo país europeo con mayor porcentaje de homosexuales, bisexuales o transgénero.

“A mí se me ha cuestionado el hecho de ser femenino y ser gay, son actitudes que nos tienen jodidos a los jóvenes de ahora”, recalca Juanmaricon, no muy alejada de la opinión de Núria: “Al final, se pone en duda tu existencia. Si no encajas dentro del molde CIS-hetereo es que no eres válido para la sociedad. Y este molde debería romperse”.

Zoomers: revolución o estancamiento

Conscientes de que las causas sociales motivan a esta generación, Greta Thunberg puede no ser el icono de todxs lxs Z, pero sí es un reflejo de una generación que lleva dentro el activismo. “Somos herederas del 15M. No podemos vivir en un sistema donde no se cuente con los jóvenes para el futuro”, dice Alberto. Júlia García ha perdido la cuenta de las veces que ha salido a la calle a manifestarse para reclamar la abolición de la policía tal y como se la conoce hoy, más políticas ambientales y más transparencia política.

La administración del sistema actual se les hace bola, “es corrupta y está quebrada y si no se regula siempre ganará el rico y perderá el pobre”, comenta Eva. Piden algo más fresh, aunque ellxs mismxs no tienen claro si dentro o fuera del sistema capitalista.

“Hay mucha gente sin etiquetas políticas que quiere una revolución, ya sea por la vía de acción directa o por la vía más institucional, pero necesitamos una redistribución urgente de la riqueza. La desigualdad se hace cada vez más real entre la gente que tiene el privilegio de poder vivir y la gente que intenta sobrevivir.”, asegura Alberto. Él forma parte del Sindicat d’Habitatge de barrio que, gracias a un trabajo incansable, han parado varios desahucios en lo que llevamos de año. Le cuesta concebir cómo unos se enriquecen mientras otros pierden sus casas.

“En el siglo XXI todavía existen privilegios arraigados a la sociedad. ¿Cómo puede ser que existan títulos nobiliarios? Estamos manteniendo una estructura arcaica que no se aguanta por ningún sitio. Me sigo preguntando cuál es la función del rey”, dice Núria, a quien le trae al pairo la monarquía y se la refanfinfla los desfiles militares, porque asegura que el dinero debería invertirse en lo importante, en lo que preocupa a la gente de verdad.

“España invierte 80 euros por persona al año en salud mental. Esto no da ni para dos horas de sesión terapéutica”

En la facultad de sociología, Júlia comenta a menudo con sus compañeras el significado real de derecho: “En un futuro las cosas que ahora son un privilegio deberían ser un derecho: derecho a la vivienda o derecho a la salud mental. España invierte 80 euros por persona al año en salud mental. Esto no da ni para dos horas de sesión terapéutica”.

A lxs Zoomers se les ha atribuido calificativos como conformistas, irresponsables o apalancados, pero a la vez sienten la presión de una sociedad que les está responsabilizando de ser lxs que “cambiarán el mundo”, lxs que abanderarán la lucha contra el cambio climático, el feminismo y treinta mil luchas más y sacarán este gen digital que llevan dentro para poner fin a la crisis económica.

“Queremos conseguir cambiar el mundo por un sitio mejor, pero, pese a que somos conscientes de nuestros problemas, no tenemos la inteligencia emocional para encontrar una solución y gestionarla. Se nos exige estar mentalmente sanos cuando estamos rodeados de violencia, negatividad y falso positivismo”, escribía Juanmaricon hace unas semanas en Instagram, un manifiesto bajo el nombre GEN Z, que a las pocas horas acaparaba los seis mil likes.