Primero había que decirlo y también hacerlo. Pero sería de una manera distinta. Se trataba de alterar el orden establecido, de ir más allá de la visión periférica para adentrarse en el mundo de los sueños. Era el momento de pintar y escribir, escribir, escribiiiiiiir de manera automática. Una idea aquí y luego otra allá mientras el pensamiento viaja libre a través del subconsciente. Ese umbral en el que el arte y el diseño surrealista llevan años discurriendo.

Suena próximo, pero a principios del siglo XX no resultaba tan fácil comprender que las emociones que habitan en el interior del ser humano pueden tener una proyección artística. Que nada es lo que parece es evidente, pero fue el movimiento surrealista quien planteó la idea de que detrás de la norma se esconde siempre un universo amplio. Y ese universo, está vez, como una cortina que se despliega a través del ventanal también tiene sentido en el mundo del arte y el diseño. Allá donde lo aleatorio se convierte por primera vez en materia creativa. Y qué materia.



Fue el movimiento surrealista quien planteó la idea de que detrás de la norma se esconde siempre un universo amplio. Y ese universo, está vez, como una cortina que se despliega a través del ventanal también tiene sentido en el mundo del arte y el diseño.

Podríamos decir que esto ocurrió hace más de un siglo. Pero la historia evoluciona y se hibrida. De hecho, ¿acaso no miramos todavía el mundo con los ojos de un surrealista? Solo tenemos que acercarnos al CaixaForum de Barcelona donde hasta el 7 de junio se expone la colección Objetos de deseo. Surrealismo y diseño, 1924-2020 para comprobarlo.

Con Man Ray, Claude Cahun, Giorgio de Chirico, René Magritte y Dalí, entre otros artistas, descubrimos una nueva mirada. Entonces unos labios inspirados en la actriz Mae West podían convertirse en un sofá según Dalí. Y una pipa no tiene por qué ser una pipa, que diría Magritte. Y los inodoros, los inodoros y las ruedas de bicicleta podían cubrir las salas de los museos con los ready-made de Duchamp cuestionando la naturaleza del arte. De hecho, su legado llega hasta la arquitecta Gae Aulenti quién en 1993 diseñó ‘Tour’, una mesa que se sustenta a través de unos neumáticos y que nos permite crear paralelismos con la famosa llanta de bici sobre un taburete de Duchamp que también abre la muestra.

La exposición se divide en cuatro espacios en los que podemos encontrar más de 250 obras de arte y objetos que constatan cómo el arte surrealista ha influido en el diseño a lo largo del último siglo y viceversa. Desde la moda hasta la decoración de sillas o sofás tal y como le ocurrió al arquitecto Le Corbusier al pasar de un estilo más funcionalista a otro marcado por el universo onírico. Porque si las sillas no podían hablar, entonces, habría que otorgarles un nuevo lenguaje que suscitara en el espectador una «reacción poética».

Alterar la mirada y hacerlo desde el arte y el diseño es también una opción subversiva en la actualidad

Pero, ¿dónde se encuentra la frontera entre diseño y arte? Los objetos y las obras de autores como Joan Miró, Max Ernst, Meret Oppenheim o Isamu Noguchi forman parte de esta colección en la que conforme avanzamos en el tiempo podemos constatar como el surrealismo es fuente de inspiración para numerosos artistas y diseñadores. Sobre todo, para aquellos que trascienden la linealidad y se mueven entre el delirio y lo que aparentemente podría resultar inhóspito. Como esas fotografías tomadas por Man Ray quien entre los años 20 y 30 convirtió la figura de su amante en una de las imágenes más reconocidas de la época al dibujar con tinta china en la espalda de Kiki de Montparnasse. El resultado fue ‘El violín de Ingres’ que como las obras de la artista Claude Cahun permitían la liberación del erotismo y la sexualidad propia del surrealismo. Fue Cahun quien comenzó a cuestionar a través del arte los roles de género con unas fotografías en las que ella misma se movía con libertad entre ambos sexos.

Alterar la mirada y hacerlo desde el arte y el diseño es también una opción subversiva en la actualidad. Bajo esta premisa cierra la muestra Objetos de deseo. Surrealismo y diseño, 1924-2020, con un claro ejemplo de cómo la herencia del shock surrealista y el extrañamiento todavía siguen presentes. Los objetos y las fotografías de los británicos Dunne & Raby para un planeta superpoblado nos plantean dos reflexiones: la de prepararnos para un mundo en el que necesitaremos elementos para filtrar agua de un río contaminado o del aire; y, por otro lado, la misión del arte de ver más allá de la realidad y otorgar a los objetos ese cierto delirio que siempre escapa a la razón. Situándose por encima de la opresión, lo constreñido y las líneas aparentes.