Tres xemeneies

Una chimenea es el conducto por el que sale el humo de una combustión. Si hubiera que canalizar la rabia por los estragos que causa la especulación inmobiliaria en Poble Sec, sus Tres Chimeneas podrían cumplir a las mil maravillas su inherente función. Los precios de los pisos han subido un 65% desde 2013 en el barrio, pero los nuevos dueños del edificio esperan una recalificación para ponerse a vender oficinas a multinacionales guais. Lejos de encauzar, el fuego amenaza con expandirse y reducir la vida de Poble Sec a cenizas.

Si vives de alquiler, conoces esa sensación de incertidumbre que mana en ansiedad según se acerca el fin del contrato. Y una de las excusas administrativas más frecuentes para ignorar el problema y que los fondos sigan disponiendo a placer del mercado es que no hay espacios para levantar vivienda pública. Esa es la única herramienta para atacar el problema de la vivienda y forzar una bajada de precios desde el ámbito municipal. Pues resulta que el edificio Tres Chimeneas tiene 30.000 m2, vacíos desde 2012. Además, es un símbolo de la lucha obrera. Y en Barcelona, a diferencia de otras muchas ciudades europeas, la vivienda pública apenas llega al 1,5% del mercado.

A pesar de ello, las Tres Chimeneas han ido pasando de las alas de un fondo buitre a otro porque ninguno ha conseguido recalificar su uso, que hoy por hoy impide que se construyan oficinas. El nuevo propietario, Conren Tramway, ha decidido meter la directa y ha empezado a tirar todo lo que no es estructural ni está obligado a conservar, con toda su fe puesta en que en breve el edificio será de oficinas. Describen el proyectazo en su web como sigue:

“Architectural firm Batlle i Roig are responsible for a full refurbishment project of this vacant property, which is currently under planning and should become a major urban regeneration catalyst for the Sants-Montjuïc district.”

No sabemos aún en qué momento ni en base a qué han decidido que el distrito necesita una regeneración urbanística, pero la idea de que al barrio lleguen miles de trabajadores de empresas que ofrecen altos salarios huele a gentrificación. Y la regeneración, a expulsión de vecinos que no se dedican a lo más puntero, sino a los oficios de toda la vida, que no cotizan al alza.

Los vecinos temen que suban aún más los precios del alquiler (…) y exigen la recalificación de las Tres Chimeneas como equipamiento comunitario con una dotación de vivienda pública.

La futura recalificación estará en manos del gobierno que salga de las urnas en las próximas elecciones municipales. Podemos saber cuál será el resultado fijándonos en otro caso. En el Raval, la batalla se libra en la Capella de la Misericòrdia, que los vecinos y trabajadores del CAP del norte del barrio reclaman como único lugar posible para el nuevo centro y el MACBA quiere para su ampliación y para ello lo tenía cedido por el Ayuntamiento de Trias. El gobierno de Ada Colau propuso al pleno que votara a favor de que la capella se destinara a un futuro CAP y solo votó a favor la CUP. Es decir, que PDeCAT, Ciutadans, PSC y PP se pronunciaron en contra y ERC se abstuvo.

Los vecinos, que han empezado a organizarse, temen que suban aún más los precios del alquiler con la llegada de trabajadores con nóminas más altas. Y que desaparezcan los comercios de proximidad por otros más fancy. Por eso piden a los partidos políticos que definan su postura de cara a las elecciones municipales y, por si acaso, exigen la recalificación de las Tres Chimeneas como equipamiento comunitario con una dotación de vivienda pública. Proponen varias ideas para esa infraestructura social: espacio para mayores o juvenil, guardería, biblioteca, auditorio…

Están lejos de renunciar y resignarse a arder en la hoguera. Han bebido de otros proyectos similares en Berlín o Nueva York. En el barrio de Kreuzberg de la capital alemana, las vecinas consiguieron tumbar el proyecto de un Google Camp en una antigua estación eléctrica. El ruido fue tal que la multinacional lo cedió a dos ONG alemanas que convirtieron la central en una “casa para el compromiso social”. Seguro que tenía chimeneas.

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