Podría ser peor (también mejor). Cuando enero se va, en más de una ocasión nuestros propósitos se marchan con él. Pero ir leyendo artículos sobre basura en esta querida revista me recuerda pacíficamente que me comprometí a reducirla. Así que allá voy.

Volver a trabajar, retomar tus buenos hábitos (o empezar a tenerlos) y ponerse manos a la obra con tus propósitos de año nuevo. En mi caso, toca empezar a ser más ecofriendly, empezando por reducir lo máximo posible mis propios residuos, o lo que es lo mismo, unirme al movimiento Zero Waste, o al menos intentarlo. Vengo con algunos tips ya aprendidos. Principales avances:

  1. Me he comprado un pack de servilletas de tela muy bonito que uso en todas las comidas.
  2. Me he comprado una mascarilla FFP2, que es más reutilizable y, si la apuro me dura casi toda la semana.
  3. He integrado en mi bolso una totebag de tela para evitar tener que pedir bolsas y rellenar aún más el cajón de las ídem.
  4. También he integrado una botella de vidrio, aunque tengo que trabajar en el hecho de rellenarla.

Día 1 · 18 de enero

Esto empieza, estoy hasta nerviosa. Me preparo con orgullo el desayuno porque sé que no voy a gastar inútilmente papel de cocina: me he comprado un pack de servilletas a cuadritos que voy a estrenar en este mismo momento. Quizás os parezca una tontería, pero os recuerdo que el papel de cocina es mi principal, más común y estúpido residuo, y que solo en una semana envié al planeta más de 50 papelitos.



Además, también uso el azucarero en vez de sobrecitos de azúcar para mi café con leche, y me como una tostada con jamón dulce comprado en el mercado, es decir, envuelto en papel en vez de en plástico. Así que mi desayuno es casi Zero Waste. No sé, me siento capaz de todo.

Con esta buena onda me voy con Esperanza (nuestra jefaza) al Centro Integral de Valorización de Residuos del Maresme que, traducido, es la planta que gestiona todos los residuos del contenedor gris de la comarca. Allí, David Martínez, técnico del centro nos hará una visita guiada y nos explicará con pelos y señales cómo hacen para convertir nuestra basura en algo positivo para el planeta.

Me diréis ¿el contenedor gris no es ese en el que se tiran cosas que no se pueden aprovechar? Efectivamente. En teoría, en el contenedor gris solo debería haber lo que en el argot se conoce como facción resto, que en español significa todo aquello que difícilmente se reciclará, como el polvo, los pañales o el cepillo de dientes.

Entonces ¿por qué necesitamos una planta específica para residuos no reutilizables? Por varias razones, la principal y más triste es que somos bastante incívicos y guarretes. Actualmente, el 60% de la basura que tiramos en España va al contenedor gris, o lo que es lo mismo, solo llevamos a los contenedores de reciclaje el 40% de los residuos que generamos. En este 60% se agrupan las personas que tiran al gris todo lo que no saben dónde va, con la que directamente no reciclan.

Esto provoca que las más de 700 toneladas diarias de basura que reciben en este centro (donde dan servicio a un millón de personas) tengan que pasar por un exhaustivo proceso de selección de residuos para poder separar los residuos que se consideran reciclables, de aquellos que realmente están donde tienen que estar. De este proceso salen toneladas enteras de plástico y de papel y cartón que van agrupando y mandando a las plantas de reciclaje específicas para estos materiales. A ver si nos concienciamos un poquito y aprendemos a tirar las cosas donde corresponde, porque menudo trajín de selección y de camiones para llevar el plástico y el cartón a sus plantas correspondientes.

David nos contó que en otros países, como Alemania, en el que solo un 20% de los residuos van al contenedor gris, ven esta selección innecesaria y pasan directamente a valorizar energéticamente estos residuos, que es lo que realmente se debería hacer con la facción resto. Por si os suena a chino, valorizar energéticamente es, básicamente, incinerar de forma ecológica estos residuos para crear lo que se conoce como bioenergía. En la planta del Maresme también lo hacen pero después de horas de separación innecesaria si supiéramos reciclar y no usar el contenedor gris como un comodín.

Día 2 · 19 de enero

Hoy me da un palo bastante tremendo bajar a por pan, así que decido variar un poco mi desayuno. Me hago un yogur con frutas, para no gastar pan de molde (que viene envuelto). Yo es que soy muy lista. No caigo en que cada unidad de yogur va envuelta en plástico hasta que es demasiado tarde. Y tengo que tirar un envase, que me habría ahorrado hasta con el pan de molde. Bueno, una no puede ser siempre perfecta.

Nota mental: Tía, compra yogures de vidrio, (porque el vidrio es mejor residuo ¿no?).

Durante la ducha, se me acaban no uno, sino dos botes de plástico. Esto me hace darme cuenta de que no he tenido en cuenta todo esto de la higiene personal en mi proceso hacia ser una persona ecológica. No son solo los botes, también los algodoncitos con los que me desmaquillo, además de todas las compresas y tampones cuando tengo la regla.

No hace falta que me lo digáis. Sé que hay muchas alternativas para todo lo que acabo de enumerar. Igual me lanzo, pero no prometo nada.

Día 3 · 20 de enero

El sábado fui al mercado de mi barrio y compré algunas cosas, sobre todo carne, pescado y embutidos, que es en lo que veía más diferencia en todo a lo que zero waste se refiere. Hoy toca el turno de la fruta y las verduras, así que voy a ir a una verdulería que conozco en la que no envasan nada y que además tiene al lado una tienda con un montón de cosas a granel (incluido el vino).

Entro primero a la tienda a granel. Arroces, legumbres y hierbas de todas las medidas y colores en saquitos. Voy leyendo: Lentejas de Salamanca, Pasta Integral, Alubias de Asturias, Café de Brasil. Espera un momento. Leo bien. ¿Brasil?, la chica me confirma que sí, que viene de Brasil.

Me diréis: Si vas con tu propio túper y tu propia bolsa generarás 0 residuos. Y es verdad, pero me da a mi que estos granos de café no han venido cruzando el océano en una lancha sin emisiones de carbono a lo Greta Thunberg. Tengo un sentimiento parecido en la verdulería, cuando veo mi fruta favorita, el melón. Me encanta, pero ¿en serio, cómo puede haber melones en Barcelona en pleno enero?

Día 4 · 21 de enero

Llego de mi entreno con la botella de agua vacía y un hambre bastante tremenda. Abro la nevera y si no fuese por las agujetas saltaría de alegría: Tengo comida en túper. En mi casa hay la (para mí, bendita) costumbre de cocinar en grandes cantidades para así no tener que cocinar tanto entre semana, cuando todo va más rápido.

Además, me planteo seriamente si no es también beneficioso para el medioambiente. Porque claro, cada vez que cocinas consumes energía, agua, aceite, probablemente papel de cocina (yo seguro) y seguro que algo más que me olvido de mencionar. Entonces, si cocinas una vez que te vale para tres o cuatro comidas, pues dos o tres veces que te ahorras todo eso ¿no? Yo creo que sí, me apunto el tanto.

En el túper hay patatas con berenjenas, pero como la carne escasea, me preparo una hamburguesa que compré en el mercado. Solo tengo que retirar un poco de papel film. Pero aunque es un residuo muy pequeño, me viene a la mente David, que durante nuestra visita al centro de residuos nos explicó que el papel film es el satán de los residuos porque no se recicla y está en todas partes.

Día 5 · 22 de enero

Hoy me paso a recoger un libro que tengo muchas ganas de leer. Es una librería de barrio muy cuqui y que se lo curran mucho, así que me siento bien porque apoyo a los pequeños comercios. Además, llevo mi bolsita de tela en el bolso, así que -1 bolsa al cajón de las bolsas. Lo pago y me lo llevo. Voy para casa animada, pero paso por una biblioteca y empiezo a comerme el coco.

Todo lo que he hecho está genial, pero ¿es realmente ecofriendly? ¿No hubiese sido mejor pedir prestado el libro en la biblioteca? Un libro menos que se ha producido, menos árboles cortados, menos contaminación de producción y transporte, menos todo. ¿Realmente necesito tener ese libro? Lo cierto es que ni siquiera me lo he planteado, como pasa en tantas ocasiones en mi día a día.

¿Por qué es tan importante para nosotros poseer las cosas, ser los propietarios? Supongo que es lo que tiene nacer, crecer y vivir en un sistema capitalista. Como mínimo empiezo a ser consciente de lo jodido que es. Tener está directamente relacionado con producir, y producir es muy amigo de contaminar. Ala, ahora ya se va a quedar este pensamiento dando vueltas por mi cerebro durante todo el día. Qué incómodo.

Día 6 · 23 de enero

Hoy es sábado, es un día relajado. Durante el desayuno se me acaba la leche y tengo que tirar el envase, pero no pasa nada. Estoy limpiándome con mi servilleta, tomando embutido muy poco envuelto. Todo va bien. Es un buen día. Además he quedado para comer con una amiga.

Me lo pasé muy bien. Fuimos a un japonés que nos encanta y nos reímos un montón. Pero nos dieron palillos de usar y tirar envueltos en plástico y servilletas de usar y tirar. Y así en todas las mesas. Me fastidió un poco. Pero bueno, entiendo que ir lavando servilletas de tela es un pedazo de curro para nuestros hosteleros.

Día 7 · 24 de enero

La semana se acaba y toca reflexionar. Lo primero que pienso es que la mayoría de los gestos que he ido haciendo a lo largo de este reto no son visibles en una sola semana. Está claro que no estás salvando el mundo si decides comprarte una pastilla de jabón de Marsella para no comprar otro bote.

Después de una semana intentando ser Zero Waste, mis residuos han pesado exactamente 429 gramos. Sí, son casi 300 menos que la semana en la que me dediqué a analizar lo nefasta que soy en el tema ecológico y 300 gramos menos de basura que se come el planeta (o David, del centro de Residuos del Maresme) pero no creo que por ello esté llevando un estilo de vida sostenible. En un año se verá más la diferencia, hay que ser constantes.

El Zero Waste es una iniciativa genial que ojalá se extienda más, pero no es la cima en esto de la sostenibilidad. El principal enemigo del planeta no es el plástico, somos nosotros, nuestro estilo de vida, nuestro consumismo. Querer un libro por el gusto de tenerlo, comprarlo y listo. Poder comerte un melón en enero o beberte un café de Brasil en el sofá de tu casa. No sirve de nada declararle la guerra eterna al plástico si olvidamos todo lo demás.

Si un día no tienes tiempo de pasearte por las tiendas a granel, ve al súper sin miedo, pero intenta comprar productos de proximidad y temporada. Plantéate si necesitas todo lo que crees necesitar. Si realmente queremos un modelo de vida sostenible, debemos ir más allá, hacer un cambio de chip mucho más profundo. Tenemos que ser conscientes de lo difícil que nos lo pone nuestro propio sistema, y ponérselo difícil también, porque al final, nosotros somos el sistema. Por eso, yo voy a seguir usando mis servilletas de tela y me resistiré al café de Brasil, como mínimo hasta marzo.