Metaversos hay unos cuantos. Pero la palabrita y el universo han entrado a formar parte de nuestras conversaciones porque el señor de Facebook ha puesto el turbo. Sin embargo, esa realidad virtual ya estaba ahí hace tiempo. Otro amigo (ni el del Apolo ni el del gato, otro), creó un Bar Manolo en VR Chat en el que podías quedar con amigos a tomar cañas durante el confinamiento. Lo modeló él mismo, pero como el jamón era tan difícil porque no tiene ni una línea recta, lo compró por 7 €. Eso fue hace dos años.

Ahora todo se ha encarecido y llenado de buitres especuladores. El metaverso que más lo peta es Decentraland, en el que, entre otras cosas, Barbados pretende ser el primer país en abrir una embajada oficial. En su versión beta, que salió en 2017, las parcelas se vendían por 20 dólares. Hoy la más barata cuesta 10.000 y las hay hasta por 100.000 dólares. Entre sus inversores están varios fondos relacionados con las tecnologías de blockchain como Kenetic Capital, FBG Capital o CoinFund.



¿Y qué hay ahí? Locuras varias. 6.000 jugadores de póker entran a Decentraland cada día y son más del 30% de sus usuarios diarios. El Banco Santander y BBVA han puesto una promotora, Metrovacesa, para la venta online de propiedades con la que podrás comprarte un pisito virtual. Tal cual. En ello estará quizás una pareja de Estados Unidos que se casó en Decentraland a principios de este mes con 2.000 invitados y que fue la primera boda en el metaverso. Pero antes de eso, se celebró una rave. Y si no has clickado en el enlace pero estás empezando a sentirte vieja y a pensar que tú ya te has bajado de todo esto, ábrelo. ¿Ya? Si estás conmigo, hasta que no nos obliguen, podemos montar una de las de siempre en Llinars del Vallès.

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