Mientras el mundo se va a la mierda y yo tengo que compaginar crianza, piojos y una entrega urgente para un pez gordo, me enternece: que alguien llame la atención sobre la abrumante cantidad de lugares de brunch en una ciudad que tiene esmorzar de forquilla y haber descubierto por fin a Carme Solé, la mujer detrás de las pancartas con caras de niñes refugiades que preguntan why?. Pero después me ha puesto de muy mala hostia leer que el Ayuntamiento, bajo el pretexto de que Ciutat Vella sea un lugar “donde puedan vivir tranquilamente, de manera segura, sintiendo el barrio” las vecinas, planea la enésima agresión al barrio, que es abrir la Rambla del Raval hasta el mar. ¿Y para que las vecinas estén tranquilas no sería mejor que puedan tener casa, en vez de grandes avenidas?